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Una evaluación del legado de Antanas Mockus – Reseña de un importante libro

Cuando Mockus se posesionó como alcalde en 1995, Bogotá estaba azotada por la violencia y sus habitantes sentían que tenían poco en común con los demás. Mockus respondió a esta fragmentación mediante la búsqueda de una base común entre los habitantes de Bogotá. Se enfrentó a la violencia y el crimen con el intento de cohesionar o alinear lo legal, la moral  y las formas culturales que regulan el comportamiento. Fue esta la orientación que  vertebró su política cultural denominada Cultura Ciudadana (Cultura Cívica), la cual permitió que elementos de la vida cotidiana de Bogotá fueran objeto de una amplia consideración y aplicación pedagógica. Ello tuvo relación con muchos asuntos tales como, para mencionar solo unos pocos, recreación, transporte, servicios públicos domiciliarios, ambiente, impuestos y seguridad.

Así se expresa Carlo Tognato en la Introducción de un libro de 2017, del cual fue editor, titulado Cultural Agents RELOADED: The Legacy of Antanas Mockus, el cual contó con el  auspicio del Departamento de Lenguas y Literaturas Romances de la Universidad de Harvard y cuya distribución estuvo a cargo de la editorial de esta misma universidad. La publicación contó con el apoyo de la Universidad Nacional de Colombia (Centro de Estudios Sociales, CES), Arte GT 2021 (ciudad de Guatemala) y Centro Nicanor Restrepo Santamaría para la Reconstrucción Civil, CeNiRS (Bogotá y ciudad de México). Carlo Tognato es profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia e investigador asociado del Centro de Sociología Cultural de la Universidad de Yale en Estados Unidos.

Se trata de un libro de 645 páginas, dividido en las siguientes seis partes: una primera con la Introducción mencionada, la cual proporciona un marco general para una discusión sobre las prácticas y el legado de Antanas Mockus, de modo que se conozcan sus logros y limitaciones; la segunda parte presenta un novedoso ensayo visual con imágenes e información sobre los programas de Cultura Ciudadana; la tercera parte incluye once ensayos que se ocupan de las prácticas de Mockus; la cuarta parte está constituida por tres entrevistas a compañeros de Mockus en Bogotá y otra con el intelectual Jon Elster; la quinta parte destaca breves comentarios sobre el significado de la Cultura Ciudadana, por parte de siete autores; y la última comprende la respuesta de Mockus al material del libro.

Varios autores y entrevistados han tenido cercana asociación con Antanas Mockus: Paul Bromberg, Rocío Londoño y Efraín Sánchez, quienes hicieron parte de sus administraciones como alcalde; Henry Murraín, perteneciente a su “tanque de ideas”; y del Grupo Federici está Carlos Augusto Hernández. Vale la pena mencionar que los contribuyentes al libro provienen de diferentes campos y disciplinas, como sociología, estudios urbanos, filosofía, historia, literatura, estudios de comunicación, artes, psicología y educación; algunos son académicos, otros practican su especialización y unos más se mueven entre la academia y la práctica. Lo anterior es una evidente indicación de cómo la teoría y las prácticas de quien fuera alcalde y rector universitario deben analizarse desde muy diversos puntos de vista. Por otra parte, algunos autores trabajan en América Latina, la mayoría de ellos en Colombia, en tanto que otros se encuentran en Estados Unidos. A continuación, unos comentarios sobre las partes del libro, después de la anterior mención de la primera parte, escrita como Introducción por el editor Carlo Tognato.

En la segunda parte del libro, el ensayo de José Luis Falconi bien describe en imágenes y textos acciones, símbolos, anécdotas, representaciones y elementos de comunicación que caracterizaron los aspectos visuales de las campañas de Cultura Ciudadana adelantadas por el “estadista profesor” durante sus dos períodos como alcalde de Bogotá. Quien no conozca nada de Antanas Mockus quedará impresionado, como lo fue buena parte del país, por los efectos de una pedagogía política sin precedentes, plena de invenciones originales y con frecuencia juguetonas. Señala Falconi que estamos ante una placentera experiencia sensual que lleva a considerar algunas acciones de Mockus como ejemplo del mejor arte conceptual surgido en la región durante las últimas décadas, así como la más decisiva intervención política por medio de las artes y los símbolos desde los tiempos de mayor modernismo.

El aporte central del libro se encuentra en los once ensayos que constituyen la tercera parte. Con el fin de discutir las prácticas creativas de Antanas Mockus como agente cultural, se incluyen contribuciones que describen las lecciones positivas que se desprenden de dichas prácticas, así como otras que se ocupan de sus posibles limitaciones. A continuación, una apreciación de algunos aspectos significativos de esta parte del libro.

Cuando Antanas Mockus inicia su primer período como alcalde de Bogotá (1995-1997) encontró una ciudad fragmentada y tan insegura por el crimen y la violencia en las calles que muchos de su habitantes, presas del miedo, habían optado por refugiarse en su mundo privado; afectada por deficiencias en los servicios y caos en el transporte público; con una conformación heterogénea por el alto flujo de gentes desplazadas por la violencia existente en diferentes partes del país; y sin una verdadera ciudadanía que identificara los habitantes con su ciudad. Ante tamaño desafío, el nuevo alcalde emprende una campaña denominada “Formar Ciudad”,  un lema que se constituyó en una auténtica idea fuerza de su administración. “Ello significaba tres cosas: primero, lo que de veras da forma a la ciudad no es su arquitectura e ingeniería, sino sus ciudadanos; segundo, para que esto ocurra, los ciudadanos deben tener la capacidad de reconocerse unos a otros en la ciudad; y, tercero, los dos procesos anteriores están implicados en otro: hacer la ciudad visible como un todo,  o sea, con respecto al espacio/proyecto/tarea de cada cual.” Con el ánimo de cambiar comportamientos, se desarrollaron entonces ingeniosas y heterodoxas acciones que se describen a lo largo del libro y que sin duda obtuvieron resultados positivos y sorprendentes. Se cuenta que todavía en la actualidad un conductor de taxi decía: “Antanas nos educó”.

Varios autores se ocupan de la falta de congruencia o de alineación que existe entre las normas legales, morales y sociales, todas ellas relacionadas con el comportamiento de las personas. Se observa que el placer y la pasión pueden propiciar la reforma social y el cumplimiento de la ley, como también lo puede la aplicación del arte, pues el deleite de la experiencia estética tiene la posibilidad de llevar a un mejor comportamiento cívico. Mockus enfrentó la tensión entre los tres tipos de  norma mediante sendas consideraciones: los ciudadanos se inclinarán a cumplir la ley si se les inculca admiración por ella y se les advierte la sanción en que pueden incurrir por su incumplimiento; con respecto a las normas morales, es posible un acatamiento a las mismas gracias al sentimiento agradable del deber cumplido o al sentimiento de culpa por transgredirlas; y, finalmente, sobre las normas sociales es crucial la admiración de los ciudadanos por su cumplimiento o la sanción social en caso contrario, pues bien se sabe de los deseables efectos de esta sanción sobre la frecuente anomia que aqueja a la sociedad colombiana. Sin embargo, en uno de los ensayos se critica el marco referencial de Mockus que considera los tres tipos de norma como esferas separadas, así como el entendimiento racional de la normatividad, lo cual no hace justicia a la fijación firme de las normas en lo social.

También se ha considerado que la intención de armonizar lo legal, moral y social  encuentra un serio escollo cuando una actuación ilegal puede ser vista por algunas personas como no inmoral (o, podría agregarse, cuando algunos consideran  que todo lo legal es forzosamente moral). Mockus tuvo logros al buscar esa difícil alineación en el informal ámbito urbano, pero la solidez de los resultados a largo plazo exigiría trasladar esas prácticas a la educación formal de la escuela, sitio privilegiado para impartir la educación cívica. En efecto, uno de los ensayos propone intentar aquella armonización en un entorno diferente al urbano, con el propósito de encontrar una novedosa aproximación a los problemas de agresión, violencia, robo y fraude en las escuelas.

¿Por qué es tan común la violación de las normas en Colombia, al igual que en otros países latinoamericanos? Una primera explicación sería la propuesta por Mockus, base para su concepción de la Cultura Ciudadana  y su aplicación con resultados exitosos en Bogotá. En uno de los artículos se sugiere una explicación alternativa basada en el estudio de las normas que existen en una sociedad dada. Como las normas expresarían los fines o aspiraciones deseables de dicha sociedad, cobran entonces importancia los medios aceptados socialmente para alcanzar dichos objetivos. Citando una hipótesis central de Robert K. Merton se pone de presente que el comportamiento anormal constituye el síntoma de una disociación entre las aspiraciones señaladas culturalmente y los medios o métodos validados socialmente para alcanzarlas. Se trataría entonces de una tensión entre fines y medios.

Una hipótesis de Mockus que ha recibido particular atención señala que la violencia y el crimen son principalmente el producto de la falta de alineación de los mencionados tres tipos de norma, y que ello puede corregirse mediante el programa de Cultura Ciudadana. En efecto, la carencia de armonía entre ley, moral y cultura puede remediarse con alternativos modos de comunicación, en esencia con una interacción intensificada. Sin embargo, no existe consenso sobre los resultados a este respecto durante los dos períodos de la alcaldía de  Mockus. Por otra parte, se cuestiona la validez de basar un programa, en gran medida, en la enseñanza de valores a personas adultas, cuando sería mejor “no concentrarse en cambiar las ideas de la gente, sino más bien en cambiar sus condiciones de vida.” Otro autor señala un mérito de Mockus al ocuparse de esa falta de alineación entre dichas tres normas, pues ello puso de presente que esta carencia socava el imperio de la ley y que es posible, mediante caminos innovativos, lograr esa alineación con ayuda de agentes culturales.

En forma acertada en uno de los ensayos se afirma que el trabajo pedagógico de Mockus obedece a un sistema teórico con una larga tradición intelectual en la teoría social y, al mismo tiempo, que ha dado lugar a un modelo práctico que se puede aplicar, y que en realidad se ha aplicado, a otros contextos. Sobre lo primero, se sostiene que una historia intelectual de Antanas Mockus y su teoría de la Cultura Ciudadana deben empezar con las teorías de la motivación humana y las descripciones empíricas de la moderna coordinación social y formación cultural, cuya primera articulación como un sistema coherente se debe a Adam Smith; y con respecto a lo segundo, se explica por qué la pedagogía de Mockus aplicada a la transformación urbana ha inspirado intervenciones en ciudades latinoamericanas y, más recientemente, ha animado un estudio pionero de la Cultura Ciudadana en un contexto binacional, con el fin de aplicarla al caso de las ciudades fronterizas San Diego y Tijuana, de Estados Unidos y México, respectivamente.

Con razón se ha sostenido que son bien conocidas las actitudes y acciones de Antanas Mockus como alcalde de Bogotá, pero mucho se ignoran los antecedentes del profesor y rector de la Universidad Nacional de Colombia. La importancia de algunas de esas experiencias previas es destacada así por uno de los ensayos del libro: el joven profesor, muy cercano a los estudiantes y crítico de las formalidades académicas, reconoció los cambios culturales de los años sesenta y el valor de las humanidades y el arte en el trabajo académico durante una agitada época de transición; ante la pobre divulgación de la actividad científica, acuñó la palabra “cientismo” para referirse a la resultante pasividad de las gentes que les impide el entendimiento crítico de la ciencia mediante la apropiación del contenido racional, las reglas, la dinámica de la producción y las limitaciones de la ciencia; trascendental fue la creación del Grupo Federici por parte de los profesores Carlo Federici y Antanas Mockus, en el cual una primera investigación se centró en el cultivo de una actitud científica en los niños por medio de la enseñanza de las matemáticas y las ciencias naturales en la escuela primaria, seguida  de discusiones que propiciaron el trabajo colectivo del grupo gracias a las ideas novedosas, el conocimiento, las iniciativas y el trabajo conceptual que el liderazgo de Mockus compartió con sus colegas; y entre otras experiencias se destacan el papel central de la filosofía, la caracterización de la pedagogía como una “disciplina reconstructiva”, la reforma académica de la Universidad Nacional, y los logros y avatares de Mockus como rector de esta institución.

En 2010, el antiguo alcalde da un crucial paso al convertirse en candidato presidencial de Colombia con el respaldo del Partido Verde, después de ganar una previa consulta popular a otros dos exalcaldes de Bogotá. Obtuvo 21 % de los votos en la primera vuelta y 28 % en la segunda, un significativo resultado para un completo “outsider”. Era apenas natural que uno de los artículos de la tercera parte del libro se ocupara de analizar lo ocurrido al profesor que como filósofo y artista incursiona en el azaroso mundo de la política. El mucho consultar pudo hacerle perder espontaneidad y convirtió su serio juego en simple y total solemnidad (podría agregarse que opacó su dimensión presidencial con el carácter discursivo y poco contundente de sus respuestas en los debates previos a la elección). Durante la campaña estuvo fuera de forma y sus actuaciones no tuvieron el atractivo de las performances iniciales.  Se señala que “Su arte no tuvo plena realización; su promesa de felicidad se convirtió en una promesa inconclusa. ¿Pero qué más puede esperarse del arte o del artista? Tal vez su derrota pudo ser su último y más grande triunfo.”

La cuarta parte del libro comprende cuatro entrevistas llevadas a cabo por el editor Carlo Tognato. Las tres primeras con Paul Bromberg, Rocío Londoño y Efraín Sánchez, muy cercanos colaboradores del alcalde Antanas Mockus y los tres provenientes, al igual que el alcalde, del ejercicio profesoral en la Universidad Nacional de Colombia. Estos entrevistados hicieron parte del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, una entidad que se transformó para convertirse en la responsable, bajo la dirección de Mockus, de diseñar y aplicar la Cultura Ciudadana, de modo que revisten particular interés sus comentarios, análisis y visiones críticas sobre la concepción y el desarrollo de dicho programa. El cuarto entrevistado fue Jon Elster, considerado por el mismo Tognato como uno de los mayores inspiradores intelectuales de Mockus. Esta entrevista se transcribe en su totalidad en la presente edición monográfica de la Revista Aleph.

La quinta parte del libro incluye siete cortos ensayos sobre los alcances y limitaciones de las políticas públicas impulsadas por Antanas Mockus como gobernante y agente cultural

Y la última parte del libro, la número seis titulada Conclusión, es del propio Antanas Mockus y su texto, de cuarenta páginas, puede verse como su reacción al contenido de la publicación que viene reseñándose. Muy importante es conocer algunos apartes y, en primer lugar, se cita lo que aparece en la página 620 bajo el título “Olvidado”:

La preocupación central del editor, Carlo Tognato, y de los autores de este libro es obtener las lecciones que se derivan de un período rico en innovaciones que tuvo lugar en la política y la administración pública de Bogotá entre 1994 y 2003, un período cuyos ecos pudieron escucharse con claridad en la Ola Verde durante la campaña presidencial de junio de 2010, en la cual fui derrotado en la segunda vuelta por Juan Manuel Santos.

Este libro tiene como objeto satisfacer el interés académico en dicho período y proporcionar las herramientas clave para que otros se apropien de lo que nosotros, desde muy temprano en el proceso, intentamos registrar: el balance pedagógico de nuestras acciones, el cual debería incluir un entendimiento de los fundamentos académicos de nuestra “temeridad”. Por supuesto, para nosotros estaba claro que esta temeridad, a menos que se explique y entienda en su génesis y efectos, perdería su importancia y se convertiría más o menos en una secuencia arbitraria de ocurrencias y gestos humorísticos.

Y, en segundo lugar, una nota muy personal de Mockus en la página siguiente bajo el título “Apuestas múltiples”:

Cuando fracaso como agente cultural o como político, el no nacido filósofo que todavía llevo en mi interior recibe una bocanada de aire fresco y, sin duda, se regocija. Pero debo también admitir que cuando se es capaz de mover y modificar cultura, aunque lo sea de modos muy limitados, produce un incomparable placer pedagógico; y esto genera aun mayor satisfacción si se lleva a cabo con la ayuda de elementos tomados del arte. Aquí tenemos también una festiva reunión de imágenes y otras formas de representación, y ello sin mencionar la felicidad que siento cuando la filosofía y los agentes culturales despliegan efectividad política, una efectividad que hace posible la solución de urgentes problemas. Hay algo fáustico en todo esto que me gustaría entender y discutir. No soy el único artista por estos lados. Deseo compartir con muchas gentes la transformación de la política en arte y la transformación del actor político en agente cultural. Me siento feliz y a la vez asustado cuando nos movemos alrededor para inventar rituales, como si los ritos pudieran sacarse del sombrero. ¡Qué temerario! A veces digo a mis colegas (o siento como si les dijera): cuidado, caminamos sobre un campo minado; o, algún día seremos alcanzados por un rayo; no se sorprendan cuando eso ocurra. Un abierto vocabulario instrumental puede ser innecesariamente irritante.

Es importante de alguna manera superar el problema cuando se afirma que se está haciendo arte (es tarea del crítico de arte, o más bien del agente cultural, reconocer cuándo un trabajo es un trabajo de arte). Con Marcel Duchamp el arte se convierte en lo que el artista ofrece como arte y es eventualmente aceptado como tal. Como con el orinal de Duchamp, cuando mostré mi trasero desnudo sin ninguna intención artística, hubo la buena fortuna de que ello fuera visto como arte después de conocerse su filmación (de nuevo, sin premeditación).

Uno puede imaginar un mundo posible en el cual solo existe el arte involuntario. El arte involuntario es sub arte, arte que no afirma ser arte, arte sin autor, arte solo reconocido por otros.

Se debe agradecer al editor Carlo Tognato, al igual que a los auspiciadores y participantes, la publicación en inglés de un libro con el registro histórico y analítico de las contribuciones de Antanas Mockus. Se trata de un merecido homenaje crítico con repercusión internacional a un singular personaje que atravesó como un meteoro el firmamento político de Colombia. Ojalá sea posible una versión al español del importante libro pues, como lo previeron en su momento algunos comentaristas, ese legado podría perder su vigencia política en el largo plazo. En efecto, como lo señala Mauricio García Villegas en un aparte de su columna de opinión correspondiente al 20 de abril de 2024 en el periódico El Espectador, de Bogotá:

La verdad es que pocos alcaldes se toman en serio la cultura ciudadana, tal vez porque vivimos en un país desmemoriado que no recuerda las enseñanzas de Antanas Mockus sobre este asunto o, peor aún, en un país despistado que ni siquiera sabe qué hizo Antanas Mockus. El hecho es que la cultura ciudadana no solo es un asunto de folclore y encuentro callejero (que lo es, por supuesto) sino también, y sobre todo, un tema de convivencia, de respeto entre iguales y de cumplimiento de reglas. Por eso, como lo mostró Mockus, la cultura ciudadana es transversal a todas las políticas públicas: la seguridad, la tributación, la educación, el desarrollo y la movilidad. No tener en cuenta esa conexión ha llevado, en innumerables ciudades del país, al fracaso de muchos alcaldes.

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Edición No. 210