Universidad: sociedad del conocimiento y transparencia
These noises converged in a single sensation of life for me:
I imagined that I bore my chalice safely through a throng of foes
James Joyce, Araby
El desarrollo de instituciones se facilita cuando sus altos cargos directivos hacen explícitas sus propuestas de trabajo. Pues esto permite, en primer lugar, saber si la dirección y la gestión interna y externa se ejercen sobre la base de una suerte de doctrina que le permite ir más allá de la mera administración cotidiana; y en segundo lugar, contribuir a formar una unidad de propósitos y claridad en las metas por lograr en los plazos corto, mediano y largo.
Por ese motivo, se presenta a continuación un texto en el que se conjugan una visión general de la Sede y las estrategias puestas en marcha para su desarrollo desde mediados del año 2003. Algunas secciones del documento están tituladas de manera negativa con nombres de problemas que considero protuberantes. Sinembargo, el texto no se limita a señalarlos. Igualmente se describen en forma general algunas estrategias y procesos puestos en marcha desde dicho momento para lograr una pronta reorientación de la Sede en la dirección propuesta por la Rectoría: hacer de las Sedes de la Universidad Nacional entidades fuertemente arraigadas y relevantes en sus respectivas regiones y de la Universidad en su conjunto una universidad de investigación, a la altura de las mejores de Suramérica. Si bien la Universidad Nacional se encuentra más cerca que las demás universidades colombianas de este último objetivo, el cual nunca antes había sido formulado explícitamente, también es cierto que hay mucho por hacer para conseguirlo. Esto es particularmente cierto en un nuestra Sede, cuyos indicadores en este respecto (libros por estudiante, publicaciones científicas por profesor,porcentaje de doctores, patentes por profesor, etc.) son inferiores o, en algunos casos, muy inferiores a los de las demás Sedes históricas de la Universidad, en particular las de Bogotá y Medellín.
La concepción corriente del desarrollo de instituciones y sociedades lo identifica con inversiones y realizaciones tangibles. En el caso de universidades, se considera que el desarrollo se refleja en nuevos programas curriculares, laboratorios, edificios, etc. Considero esta visión enteramente simplista. En algunas instituciones, los logros tangibles pueden verse desdibujados u obscurecidos si subyacen bajo ellos sordos problemas de tipo cultural o sociológico cuya solución no se logra con proyectos de orden físico o, incluso, académico. Aunque la dirección actual de la Sede proyecta desarrollos en el sentido convencional (en particular, programas curriculares de posgrado, laboratorios, salas de cómputo, bibliotecas, edificios, etc.), es mi convicción que los desarrollos tangibles logrados en años anteriores y los nuevos por lograr pierden solidez si no van acompañados por iniciativas y programas en el orden intangible. En el documento que ahora presentamos, no se habla tanto de inversiones como de ética, pedagogía, normatividad, comunicaciones, cultura organizacional, hábito de planeación, memoria histórica, relaciones sociales, etc. Sólo en la medida en que los problemas detectados en estas esferas de lo intangible lleguen a ser solucionados, el uso de bibliotecas, salas de cómputo, laboratorios, etc., puede ser más eficaz y productivo. Los enemigos (foes) de que se habla en el epígrafe de James Joyce que inicia este ensayo, no corresponden aquí a personas, de ninguna manera, sino a actitudes y vicios propios de una sociedad enferma moralmente, como es la nuestra, los cuales, al infiltrarse en una institución universitaria, que por naturaleza debe ser inmune a ellos, entraban su desarrollo fluido y armónico.[[El deterioro del país se refleja en el hecho de que, a comienzos del siglo XX, en el concierto de naciones latinoamericanas Colombia era calificada como una “potencia moral”.]] A mi parecer, un primer paso para su superación es hacerlos explícitos.
Por otra parte, la referencia que se hace en el subtítulo a la deontología (ciencia de los deberes, según el Diccionario de la R.A.E.) es deliberada. Surge de la convicción del autor de que un síntoma de sociedades moralmente enfermas como la nuestra es el hablar mucho de derechos y poco de deberes. El texto que se presenta aquí habla todo el tiempo de deberes en varios planos: deberes de la Universidad Nacional con la sociedad colombiana, deberes de los estudiantes con su propia formación y su futuro, deberes de los profesores y los empleados de la Universidad con esta institución, deberes de la Universidad con sus estudiantes y egresados, deberes jurados en la posesión en los cargos, etc. Si bien el autor comparte plenamente la invocación continua y reiterada del derecho a una educación pública de bajo costo, del derecho a una financiación estatal de la universidad pública no simplemente constante sino creciente, del derecho a los servicios de bienestar para estudiantes de bajos recursos, el derecho de los profesores y empleados a ser capacitados por la institución, et cetera, considera que, al menos como mera compensación, hace falta una pausa en la repetición de estas consignas para hablar y reflexionar un poco sobre los deberes de quienes repiten monótona y mecánicamente la letanía de tan incuestionables derechos.
El marcado sesgo a hablar mucho de derechos pero poco de deberes tiene su correlato ético en que, en las sociedades moralmente apocadas, las personas tienden a actuar como defensores antes que como jueces de sí mismos. Por este motivo, tales naciones (infestadas de felonías, venalidades, zascandileos y picarescas) se dotan no sólo de un número enorme de policías, vigilantes y cámaras, sino también de cantidades ingentes de leyes y normas redactadas con la mayor malicia para evitar las trampas, los resquicios y los esguinces, con el concomitante ejército de jueces, fiscales y abogados. Luego todo ello aumenta en una espiral frenética de la que en este país tenemos el mejor ejemplo mundial,[[La mutua y paradójica implicación circular del bien y el mal que ha sido poéticamente enunciada por filósofos como Heráclito o Lao Zi y que en ha sido narrada por G. K. Chesterton en la cómica pesadilla titulada The man who was Thursday.]] que no se remedia porque se cree ingenuamente que la cómoda y económica expedición de nuevos códigos basta para detener la espiral, mientras que se financia en lo ínfimo el remedio radical e históricamente probado de estos problemas: la educación.[[A los hombres edúcalos o padécelos. Marco Aurelio.]]
En la primera parte del documento se traza un marco general de referencia, constituido por la doble tendencia de las sociedades modernas hacia sociedades del conocimiento y la transparencia. Luego de describir la forma como estas tendencias se manifiestan de manera incipiente y un tanto torpe en el país, se propone un ámbito de actuación de la universidad y una articulación de las funciones básicas, ambos pensados particularmente para una Sede con carácter marcadamente tecnológico, como es la nuestra. En la segunda parte se describen los obstáculos a que hace referencia el título, que como ha quedado dicho son más de orden intangible, esto es, socio-cultural, pero no por ello insolubles.
1. Las dos tendencias de las sociedades modernas
No cabe iniciar un planteamiento sobre el desarrollo que debe tener la Universidad sin antes hacer una reflexión sobre la sociedad en la cual se encuentra inserta. Menos aún si se trata de la universidad emblemática de un Estado, como es la Universidad Nacional de Colombia.
En los últimos tiempos se han acuñado internacionalmente dos expresiones para significar las tendencias socio-económicas más sólidas de las sociedades modernas, en especial las de los países desarrollados. Por la primera, la llamada sociedad del conocimiento y la información se busca ilustrar un hecho novedoso que necesariamente tiene fuertes implicaciones en la naturaleza y el rol de las universidades. En efecto, con el avance de las comunicaciones de todo orden y la construcción de un mercado global de bienes y servicios, lo que se está fraguando en el mundo es una sociedad en la cual el conocimiento pasa a tener un valor económico esencial, tan importante como fueron la tierra en las épocas feudales y el capital en la sociedad industrial. En el conocimiento puede estar la clave para que países tradicionalmente subdesarrollados pasen a estadios superiores del desarrollo, lo que se demuestra al considerar la historia reciente de países del Extremo Oriente, que han hecho de la educación y la investigación asuntos estratégicos de Estado, superiores a las normales disputas partidistas de la democracia. El logro de estas metas, sinembargo, ha sido posible en buena medida a valores intangibles presentes en tales sociedades, uno de los cuales es la capacidad de la población de identificarse en unos valores comunes y objetivos, lo que permite dejar a un lado las diversidades y divergencias subjetivas, las cuales al tratar de imponerse sobre propósitos colectivos distorsionan su sentido, interrumpen su desenvolvimiento y hacen que se abandonen fácilmente los propósitos de largo plazo.
La segunda expresión en auge para denotar la tendencia de las sociedades desarrolladas es la de sociedad de la ética y la transparencia. Con esto se trata de simbolizar la configuración de sociedades en las cuales los ciudadanos exigen de forma creciente transparencia en el ejercicio de sus funciones, responsabilidad ambiental, rendición de cuentas, ética empresarial, certificaciones de calidad, etc. Además de éstas hay otras que vienen siendo impulsadas por grupos minoritarios y a los que despectivamente se ve actualmente como contestatarios pero que tarde o temprano terminarán por influir en el desarrollo de las sociedades modernas, como muestra la historia de los denostados ecologistas de los años sesenta, sin cuya protesta de esos tiempos no se tendrían actualmente todas las normas, códigos, programas y proyectos ambientales que hay en el mundo. Hablo de los movimientos que actualmente demandan comercio internacional justo, participación social equitativa de la mujer, producción limpia, veto a la producción con participación laboral infantil, etc. Las demandas no sólo se plantean a entidades públicas sino también a entidades privadas, al punto que han causado fuertes conmociones en universos tenidos tradicionalmente como herméticos e invulnerables, como son las industrias del tabaco y de la informática en Estados Unidos.[[Llama poderosamente la atención el hecho de que ambas preocupaciones contemporáneas por el conocimiento y la ética fueron el objeto de reflexión central de Kant, plasmadas respectivamente en sus Críticas de la razón pura y práctica y que se sintetizan en su famosa expresión de admiración por “el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí” (Der bestirnte Himmel über mir, und das moralische Gesetz in mir).]]
En este escenario, cabe preguntarse cómo se manifiestan estas tendencias en Colombia. En primer lugar, dentro de nuestra dirigencia nacional la expresión sociedad del conocimiento parece tomarse muy a ligera, como una moda o, en el mejor de los casos, como una tendencia consolidada en y para países desarrollados. En este respecto, la dirigencia colombiana (tanto pública como privada) exhibe su habitual inclinación a considerar que el desarrollo es para los países que ya lo son, sin que el hecho de que muchos países hayan llegado a serlo en menos de una generación le merezca mayores comentarios. Ahora bien, en tales países, haber puesto la educación y la investigación como elementos centrales del desarrollo implicó algo en lo cual la dirigencia nacional se ha mostrado igualmente torpe, cual es la formulación de propósitos nacionales y supra-partidistas de largo plazo, pues ni de la educación ni de la investigación cabe esperar resultados de manera inmediata – que son los del mayor interés para nuestra dirigencia, pues son los de mayor beneficio político. Sinembargo, si algo debe tener presente un dirigente que aspire a ser considerado como tal es la visión de largo plazo, de la misma manera que el equilibrista sólo puede tener éxito en su arriesgada actuación si tiene la vista puesta en la meta que ha de alcanzar.
Algunos hechos y cifras reflejan este fatal error de estrategia. En primer lugar, la educación sólo empezó a ser considerada como elemento del debate político, y sólo de manera tangencial, tan sólo a finales de los años noventa. En segundo lugar, la investigación como tal no ha comenzado a recibir al menos un trato similar, lo que se refleja en que actualmente la inversión en ella sólo llega al 0.23% del PIB, mientras que el mínimo recomendado por el Banco Mundial es del 1% y la cifra en los países desarrollados ronda el 3%. En tercer lugar, el desinterés por la investigación y su desconocimiento como elemento esencial del desarrollo es bastante evidente en el sector privado, en el que la inversión en este aspecto es ínfima. En cuarto y último lugar, hasta donde llega nuestro recuerdo, nuestra dirigencia no ha formulado por consenso grandes propósitos nacionales en las décadas recientes, con la excepción de la Asamblea Constituyente de 1991, que de todas maneras no tuvo su origen en la dirigencia nacional sino en un tranquilo movimiento juvenil.
Justamente el producto de dicha Asamblea Constituyente es el mejor ejemplo de que la sociedad colombiana sí ha sido un poco más receptiva a la tendencia internacional por la conformación de una sociedad del derecho y la transparencia que por la de una sociedad del conocimiento. Con la Constitución Política de 1991 el país pasó a ser un estado de derecho de manera más clara que con la Carta anterior, pues se proveyó a la población de elementos nuevos ampliamente conocidos, y a partir de ella se generaron mecanismos que van ganando espacio dentro de la sociedad, como son el gobierno en línea, sistemas de quejas y reclamos, rendición de cuentas, etc. Por otra parte, desde una Alcaldía de Bogotá, de origen universitario, se desarrolló un programa de cultura ciudadana de amplias repercusiones en todo el país, el cual se dio de manera simultánea con el programa masivo de educación desarrollado para la implantación del Metro de Medellín, de notable y notorio éxito.
2. Repercusiones de la sociedad del conocimiento en la Universidad
A nuestro juicio, la universidad colombiana no ha hecho un serio análisis de lo que implican estas dos tendencias sociales en ella. Esto es, cómo afectan estas tendencias a la actividad universitaria y cómo debe ser su relación con la sociedad en este nuevo entorno. Lo cierto es que, si la sociedad colombiana parece asistir como espectadora antes que como actora al surgimiento de la moderna sociedad del conocimiento, toca a la universidad asumir el liderazgo en su creación en las diferentes regiones pues, de no ser así, el desenvolvimiento acelerado de ese tipo de sociedad en los países industrializados hará que se abra aún más la brecha entre países ricos y países como el nuestro. A falta de que la sociedad y el Estado impongan a la universidad retos importantes (diferentes al mecánico aumento de la cobertura de ingreso, el cual, dadas las grandes diferencias en la formación de los bachilleres en el país hace temer por la calidad de los programas curriculares de las universidades, que al seguir este esquema se verán presionadas a igualar a sus estudiantes por lo bajo) el desafío que deben auto-imponerse universidades con trayectoria sólida en investigación como la nuestra es entonces el de hacer que la investigación entre en el núcleo de la actividad productiva del país, generando mecanismos de transmisión de conocimientos a la sociedad más eficaces que la tradicional formación de profesionales. Veamos esto con mayor detalle.
En primer lugar, huelga decir que justamente cuando la industria nacional es llevada a competir incluso dentro del mercado local con industrias extranjeras es cuando más necesario resulta que ella se apoye en la investigación nacional para el desarrollo de nuevos productos y/o la mejora de los actuales. Pero también es entonces cuando las universidades del país más deben hacerse partícipes en el desarrollo productivo, sobretodo si se tiene en cuenta la poca sensibilidad del empresariado del país ante la relevancia de la investigación, sensibilidad que corresponde a la universidad despertar. En el fondo, el razonamiento es simple: si en la sociedad del conocimiento éste ha pasado a ser un valor económico per se, entonces las universidades deben convertirse en un eslabón del aparato productivo para beneficio del desarrollo nacional, en un esquema de trabajo conjunto con sectores públicos y privados tendiente a darle sentido socio-económico a la investigación universitaria; pues ésta, de no ser así, tiende a enfocarse exclusivamente hacia la publicación por la publicación, sobretodo si el decreto sobre salarios de los profesores universitarios así lo privilegia.
Desde la perspectiva del mundo empresarial, por otra parte, la conversión del conocimiento como valor se refleja no sólo en la creación de departamentos de investigación y desarrollo en empresas, como ha sido tradicional en países desarrollados, sino en la creación de academias en el seno de empresas que expiden certificados de cursos cortos que en algunos casos (informática, telecomunicaciones, etc.) resultan ser tan importantes como los que conceden las universidades mismas. En esta convergencia entre universidades y empresas se han desarrollado estrategias exitosas en diferentes lugares del mundo, tales como la incubación de empresas dentro de universidades, las investigaciones por demanda o convenio y la más sofisticada, los parques tecnológicos, que son espacios físicos de trabajo conjunto entre ambos tipos de entidades para el desarrollo de nuevos productos y líneas de producción.
En segundo lugar, hacer realidad la sociedad del conocimiento requiere una transformación radical de la manera como los estudiantes de universidades conciben su relación con tales instituciones, lo que a su vez requiere un cambio igualmente radical de la manera como la universidad asume su vínculo con ellos. Tradicionalmente dicha relación se ha centrado en el proceso de enseñanza concebido como la transmisión del saber universal del profesor al alumno. En este marco de referencia se ha constituido dos tipos de personas: (a) el clásico docente que domina una temática pero que no investiga en ella pues la misión para la que ha sido tradicionalmente llamado es la de transmitir un conocimiento establecido en otros países y (b) un estudiante que recibe de manera pasiva tales conocimientos, de suerte que se acostumbra a estudiar sólo para los exámenes, en cuyos momentos sólo mantiene con los conocimientos una relación activa; después de tales momentos, esos conocimientos vuelven a una especie de fondo de quietud del que se supone del que ya no salen por el dudoso cuidado que de ellos hace la memoria. Todo lo contrario de lo que se recomendaba en la antigüedad clásica: Non scolae sed vitae discimus (no estudiamos para la escuela sino para la vida). Varios hechos hacen que este esquema entre en crisis:
a. La rápida multiplicación de conocimientos en todas las áreas en los últimos años. Según algunos expertos, la humanidad en los últimos veinte años ha generado más conocimientos que en toda su historia anterior. Igualmente ocurre que, en este rápido desarrollo, muchos conocimientos que se suponían plenamente establecidos van quedado caducos.
b. El surgimiento del internet y otros medios que hacen asequible la otrora abundante pero arcana información científica, cultural y humanística.
c. El riesgo de confiar a la memoria el conocimiento instruido.
d. La generación de estudiantes fuertemente dependientes de profesores que les expliquen todo lo nuevo que surge en las respectivas áreas de interés.
e. La generación de una concepción cuantitativa del conocimiento y del rol de las universidades, esto es, la idea de que las universidades son mejores en la medida en que más enseñen.
Para superar esto la actual Rectoría de la Universidad Nacional de Colombia ha propuesto una reforma académica de los pregrados que apunta a:
a. Formar en competencias para desenvolverse en el mar de conocimientos actuales de manera autónoma y superar la dependencia de profesores para adquirir nuevos conocimientos en un aula de clase. En el aprendizaje por competencias se logra, además, fortalecer la creatividad y las capacidades de emprendimiento e innovación de los estudiantes.
b. Hacer más énfasis en el aprendizaje que en la enseñanza, esto es, inocular en los estudiantes la conciencia de su responsabilidad individual en su propia formación como profesionales y como personas, dejando atrás la concepción paternalista centrada en el profesor y en la enseñanza, en la que se concibe que todo lo que hay por aprender se escenifica en el rito ceremonial de la clase entendida como transmisión de un saber.
c. Generar una concepción más cualitativa que cuantitativa de la Universidad, de manera que no se califique como mejores a las que más atiborrados tiene los planes de estudios sino aquellas que brindan profesores con amplia experiencia investigativa y/o profesional, amplias y bien dotadas bibliotecas, laboratorios de docencia y de investigación, salas de internet y cómputo, servicios de asesoría en el desarrollo de ideas de empresa, convenios y contratos con sectores sociales diversos, etc., de todo lo cual se benefician los estudiantes por múltiples mecanismos de participación adicionales al ritual de la clase, la cual necesariamente debe bajar su perfil.
Adicionalmente a esto hay que decir que la tradicional actividad de formación de profesionales no es el mecanismo eficiente de transferencia de tecnología a la sociedad que se requiere para formar una auténtica sociedad del conocimiento en el país, por varias razones:
a. La formación en conocimientos hace que el profesional graduado mantenga presentes principalmente los conocimientos que más practica en su trabajo mientras que los demás, confiados a la memoria, pasan natural y silenciosamente al olvido. Por otra parte, la falta de entrenamiento en competencias forma profesionales pasivos, poco preparados para ser creativos, innovadores y emprendedores en sus trabajos. De esta suerte, muchos de los esfuerzos desplegados en la tradicional enseñanza resultan vanos. Esto es particularmente preocupante en carreras de alto costo para el Estado, como algunas ingenierías y ciencias experimentales.
b. Lo anterior se redobla por el hecho de que el nivel de conocimientos movilizado por la mayoría de las industrias del país (98% de las cuales son PyMEs y emplean el 63% de la fuerza laboral) es más bien básico, de manera que los conocimientos más avanzados que se enseñan en los actuales planes curriculares de pregrado no se aplican allí y por tanto, con el tiempo, se olvidan.
En tercer lugar, la formación de una sociedad del conocimiento requiere de cambios profundos en el ejercicio de la función de extensión, que, al igual que la investigación, se ha abierto paso de manera heterogénea en las diferentes Facultades de la Universidad.
La función de extensión surgió en los años sesenta como proyección de la universidad hacia sectores marginados, particularmente como prácticas estudiantiles. Con el tiempo, la función fue complicándose hasta abarcar actualmente un surtido heterogéneo de actividades que van desde las exposiciones en museos universitarios hasta los grandes contratos con entidades públicas o privadas, pasando por la tradicional atención a sectores marginados y los cursos cortos de educación continua. La naturaleza variopinta de esta panoplia quizás impide ver que la actividad de extensión, principalmente bajo la especie de contratos y convenios, goza per se de una doble prerrogativa sobre las actividades de formación de profesionales y de investigación, a saber: servir de dinamizador de la reflexión universitaria acerca de necesidades reales de la sociedad a la que nos debemos y, por ende, servir de vehículo para ejercer un impacto directo e inmediato en su desarrollo. En aras de avanzar en la creación de una sociedad del conocimiento en el país esta prerrogativa debe ser explotada, haciendo que a través de planes programáticos de contratos con entidades sólidas, que superen la frecuente rúbrica de contratos sin orientación definida, se establezcan canales de transferencia de conocimientos al sector real del país. Con ello se cerraría la brecha existente entre universidad y empresa, que tiene su mejor reflejo en la diferencia que se da entre el nivel de conocimientos movilizado en la investigación universitaria, de una parte, y el movilizado en la mayoría de la producción industrial del país, por otra, que por su bajo nivel no conduce a la agregación de valor a sus productos.
Estas son, a mi juicio, las transformaciones que deben realizarse en las tres funciones básicas de la universidad para hacer la mayor contribución posible en la gestación de una auténtica sociedad del conocimiento en el país que le permita estar mejor equipado para la competencia global. En la sección siguiente se discuten las implicaciones de la formación de una sociedad del derecho y la transparencia en la Universidad.
3. Repercusiones de la sociedad de la transparencia en la Universidad
Conformar una sociedad de derecho, de transparencia y de ética en un país moralmente enfermo (líder en secuestros, masacres, corruptelas, disparidades, inequidades, clientelismos, etc.) es un desafío de proporciones gigantescas. Sinembargo, para la universidad pública esto puede convertirse en una oportunidad para transmitir la relevancia y pertinencia del saber humanístico. Pues de hecho, sólo de las universidades y, en particular, de sus humanistas, cabe esperar una luz que permita ver claridad en la noche oscura de la enfermedad moral. Esto se confirma por el hecho de que en los años y meses recientes se ha notado una vuelta de mirada hacia las universidades como potenciales fuentes de ideas, no sólo tecnológicas sino también sociales y éticas, para salir de la crisis nacional, lo que se ha plasmado en no pocos convenios de apoyo y asesoría a entidades públicas en este sentido.
Sinembargo, una universidad pública como es nuestra Sede no podrá constituirse en un referente moral creíble si previamente no hace previamente la labor de asimilar los principios de la sociedad de la transparencia y el derecho de manera integral. Un primer paso para ello es la identificación y corrección de las anomalías que en este respecto se registran, que podemos agrupar en tres grandes grupos:
a) Incumplimiento de los pactos con usuarios (estudiantes, contratistas, proveedores, profesores, etc.). Contrariamente al espíritu de una sociedad de derecho que exige honrar los pactos, algunos de ellos se incumplen orondamente en la Sede pues ni siquiera se toman como tales. Es el caso de contratos suscritos por ambas partes en los cuales se especifica que el pago se hará en una fecha específica, lo que a veces se traba quizás con el ánimo inconfeso de incumplir; igualmente es el caso de presupuestos de posgrados que a veces no se cumplen ni de lejos, lo cual delata la idea implícita de que no son un compromiso serio de la Facultad con los profesores y estudiantes de tales programas; o, finalmente, el caso de la sofisticación continua de los requisitos del trabajo de grado de los estudiantes de carreras, cuya mera denuncia por la propia Rectoría sin medidas adicionales ha permitido elevar de manera significativa la tasa de graduación en los últimos dos años. El factor común a todos estos casos es una cierta arrogancia de la Universidad que al parecer le cuesta entender que en todo pacto las partes son iguales, lo cual está claro desde tiempos remotos en la civilización occidental.
b) Distorsión del sentido de la autonomía universitaria, la democracia y la autoridad de los cargos. La palabra autonomía proviene del término griego nomos (norma) y del prefijo autos (propio) y por tanto significa darse las propias leyes. Este es un logro antiguo de las universidades en países desarrollados, que tiene su fundamento justamente en la solidez ética que se suponen albergan y cuidan las universidades, pues están compuestas, como ninguna otra institución, por humanistas. Sinembargo, una vez dotadas de sus propias leyes, se tiene el deber de cumplirlas y, en aquellos casos en que hay vacíos normativos, rigen las leyes de la Nación. Por desgracia, frecuentemente el recto sentido de la palabra se distorsiona a conveniencia en las universidades para justificar, con cargo a la autonomía, la aplicación de normas arbitrarias o la no aplicación de normas de la Nación que continúan rigiendo en ellas.
Otra fuerte distorsión se da en la interpretación de democracia. Si bien la Universidad dispone de múltiples cargos de representación, las votaciones para ellos suelen estar caracterizadas, o bien por falta de interés de inscripción de candidatos, o bien por bajas votaciones, o bien por ambas cosas. En contraste, en la vida cotidiana se da una enorme presión de algunos líderes de micropoderes para interferir en la toma de las pequeñas y grandes decisiones, o para exigir que se lleven a supuestas asambleas masivas cuya duración se maneja hábilmente para lograr votaciones minoritarias cuando la fatiga, el hambre o la abulia hayan dispersado la escasa concurrencia y sólo queden allí los convocantes, que refrendan la decisión que previamente habían tomado a la hora de la aurora.
Igualmente se encuentra afectada la autoridad de los cargos directivos, de los cuales, o bien se les insinúa que hagan poco ejercicio de la autoridad que les corresponde, o bien se hace una diálisis de su autoridad por parte de cuerpos colegiados, o bien los que los asumen no la ejercen por temor a futuras represalias, o bien se da todo esto conjuntamente. Por otra parte, el solo hecho de recordar que tal autoridad existe y debe ser ejercida se interpreta automáticamente como su hipérbole, el autoritarismo, de la misma manera que el recuerdo de la existencia de una normatividad que hay que respetar se interpreta como legalismo, el discurso sobre ética como moralismo y así sucesivamente.
c) Pérdida de contacto con la sociedad civil. Este punto es especialmente delicado y por ello se trata en un capítulo aparte de este documento.[[Se alude a un aspecto de la segunda parte de este trabajo, contenida, al igual que ésta, en el libro: J.E. Hurtado G., El desarrollo integral de la Sede – Una reflexión deontológico. Edición de la Universidad Nacional de Colombia, Manizales, enero del 2005; 96 pp. (L.D.)]]
4. Modelo académico en desarrollo
Desde sus comienzos en los años cuarenta hasta 1983 la Sede en Manizales de la Universidad Nacional de Colombia tuvo una vocación exclusivamente docente. En dicho año se abrió el Centro de Investigaciones CINDEC con el que comenzó tímidamente a desarrollarse esta actividad en ella, siete años después del inicio de actividades del CINDEC de la Sede Bogotá. Esta última fecha (1976) es simbólica: significa que la universidad emblemática del Estado colombiano solamente asume de manera real (no formal) la investigación como uno de sus roles en el último cuarto del siglo XX, muchas décadas y quizás centurias después que sus homólogas de países desarrollados, para las cuales esta actividad es el sine qua non de la vida universitaria sin más. También es significativo que dicha apertura haya ocurrido cincuenta años después que la del primer centro de investigaciones del gremio cafetero, que desde ese entonces tenía claro que sin investigación no era posible sostener su producto dentro del mercado internacional, lo que hace de dicho gremio una rara avis dentro de la dirigencia nacional.
Pero retornemos a la Sede en Manizales de la UN. Como en muchas universidades colombianas, la investigación que comenzó a financiarse desde 1983 era de alguna manera una audacia que se justificaba a sí misma. No sólo no había, como comienza a haber actualmente, un sistema de pares evaluadores que examinara los proyectos y sus resultados, sino que tampoco había unos programas curriculares de posgrado que le dieran soporte ni tampoco otras estructuras de apoyo logístico. Quizás como consecuencia de esto la investigación se configuró como una opción aventurera más que como una actividad de interés de la Universidad (pues de interés de la Nación poco lo ha sido). Por ello, tanto en la Sede como en muchas universidades del país se creó un perfil un tanto romántico del investigador como una especie de héroe que desafiaba los monstruos de la burocracia y la escasez de presupuesto para hacer su trabajo. Si el producto de éste representaba o no beneficio socio-económico para el país, era algo que nadie le preguntaba, para no importunarlo, ni a nadie en general parecía interesarle. Con el tiempo, la investigación en ésta y en otras universidades del país fue desarrollándose casi exclusivamente con el propósito de publicación, según algunos protocolos internacionales que exigen la publicación de los resultados como criterio de visibilidad (el famoso lema publish or perish). El decreto 1444, promulgado en 1992 y su sustituto, el decreto 1279 de 2001, vinieron a refrendar este privilegio de la investigación orientada a la publicación nacional o internacional antes que los sistemas o mecanismos de transferencia de conocimientos y tecnología al sector real del país, como contribución a su desarrollo. Sólo a finales de los años noventa se empezó a promover, desde Colciencias, los esquemas de I+D+I (investigación, desarrollo e innovación).
En este ambiente, por tanto, no podía surgir la pregunta por el beneficio socio-económico de la investigación para el país. Al justificarse por sí misma, la investigación universitaria comenzó a demandar (como es natural) grandes recursos financieros, pero sin la correspondiente respuesta sobre su utilidad para el desarrollo nacional, al punto que la pregunta todavía salta como una impertinencia para algunos de nuestros investigadores. Sinembargo, desde la perspectiva de la sociedad del conocimiento, que se encuentra en acelerado desarrollo en otros países, pero también ante el apabullante avance de la globalización (o deslocalización, como socarronamente han dado algunos en llamarla) no sólo nos debemos hacer esta pregunta con respecto a la investigación sino también a los otros dos deberes de la Universidad, cuales son la formación de profesionales y la extensión. En el fondo, la pregunta puede transformarse en otra a saber, si la universidad está al servicio de la sociedad o, viceversa, es ésta la que debe estar a su servicio sosteniéndola con sus impuestos sin exigir responsabilidad en su ejecución.
Igualmente, la actividad de extensión comenzó a surgir como otra aventura particular, con el agravante de que en este caso el héroe ha debido enfrentar un monstruo adicional, cual es el de los obstáculos y trabas interpuestos para la realización de tal labor, los cuales al parecer tienen su origen en pasiones no confesas e inconfesables, producto de una cultura culposa de las rentas monetarias. No es exagerado decir que, en muchos sectores de las universidades públicas colombianas, la extensión se encuentra estigmatizada con argumentaciones que, bajo su apariencia académica, ocultan una doble moral con respecto a la financiación de las universidades. Pues, por un lado, se habla liberalmente de esa financiación cuando se trata de exigirla al Estado; pero, por otra, se reprocha las rentas de extensión, tanto de la universidad como de los profesores, el ser producto de negocios. Lo que no se dice es que justamente en el negocio (como negación del ocio) se dinamizan los conocimientos represados en la universidad y se ejerce un impacto directo sobre la sociedad que quizás de otra manera no se llegue a dar.[[El a veces enfermizo escrúpulo de nuestras universidades públicas hacia las rentas por extensión quizás sea la forma que asume en ellas una antigua aversión de naturaleza católica que Weber supo ver en su clásico libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. La generación de rentas propias, por el contrario, debería verse como un buen indicador de la penetración del conocimiento universitario en la sociedad real.]]
Pasemos ahora a un somero análisis de la actividad más tradicional de formación de profesionales. La focalización del trabajo de las Facultades en la docencia de pregrado ha venido acompañada de un modelo pedagógico paternalista y que ha sido examinado más arriba en este documento. Una de las más graves consecuencias de este modelo pedagógico, de naturaleza más bien escolar, es la pérdida de contacto con el libro como texto integral y la limitación a unos extractos fotocopiados. Esto explica porqué en la Sede las bibliotecas se usan principalmente como espacios de estancias en los que los estudiantes resuelven colectivamente las tareas asignadas por el profesor, generando un bullicio impropio de esos lugares. Igualmente, porqué la consulta de libros es tan baja, porqué el pedido de libros por parte de los Departamentos es tan reducido y porqué se tienen los peores índices de libros per capita de toda la Universidad Nacional. Finalmente, el uso de la novedosa herramienta del internet ha carecido de la pericia de consulta necesaria, que se aprende en el contacto cotidiano con los libros y las bibliotecas. Ningún ambiente más lejano del que se necesita para llegar a ser la Universidad de investigación que el país necesita.
Por las razones de coyuntura nacional e internacional actuales es necesario dar pronto un vuelco total a este modelo. En el aprendizaje de competencias, el profesor adquiere un rol de orientador en el universo de conocimientos de cada área antes que de transmisor de los supuestos conocimientos esenciales ya consolidados. En segundo lugar, la orientación va más dirigida a extraer antes que a incorporar. Me explico: con miras a formar personas autónomas, capaces de aprender por sí mismas nuevos conocimientos de las áreas de su interés, de resolver problemas, de tomar decisiones y de ser críticos frente a lo impuesto, el profesor debe generar un ambiente de incertidumbre antes que uno de seguridad, como es lo usual, que obligue al alumno a buscar respuestas en los diferentes recursos de que dispone, de manera que terminen por conocerse mejor a sí mismos, sus preferencias y sus habilidades, en lugar de hallar las confortantes explicaciones de los fenómenos perfectamente expuestas en la propia clase. El ambiente adecuado para el desarrollo intelectual es más uno de asombro, curiosidad y misterio que el de seguridad reconfortante que parece emanar de muchos libros de texto.
Por otra parte, el alumno debe pasar a ser el centro de gravedad del proceso pedagógico, desplazando de este lugar al profesor. En un mundo ferozmente competido, no es conveniente mantener con vida una pedagogía en la que, por ejemplo, el alumno exige que se le explique claramente el porqué de las cosas en una clase en lugar de buscar entenderlas por sí mismo a partir de libros u otros documentos. Los alumnos deben comprender que si el país requiere ser altamente competitivo es porque ellos, primordialmente, son los que deben llegar a serlo. Es necesario hacer evidente a los alumnos que ellos deben asumir con seriedad y responsabilidad su propia formación y que ya no se trata de obtener un título universitario sino de adquirir un hábito de estudio cotidiano, independientemente de si se está o no matriculado en un programa curricular de pre- o posgrado. Es posible que el alejamiento del mundo en que ha vivido nuestra población (rodeada, entre otras cosas, por países del mismo idioma y con los cuales tenemos de todas maneras pocas vías de comunicación) no le deje percibir la ferocidad con la que se está viviendo en el mundo actual la competencia profesional, que es la otra cara de la expresión un tanto idealista de sociedad del conocimiento. Tal sociedad hay que construirla en todas partes y no llega porque sí. Y quienes debemos construirla somos todos, pues de otra manera la agricultura y la industria del país terminarán diezmadas. En estas montañas alejadas de la actividad frenética de Estados Unidos, Japón, Corea, China y Finlandia contemplamos cómo cada día nos invaden más y más productos importados desde esos países, los cuales podríamos generar aquí con una cultura del I+D+I.
Esta y no otra es la cultura que hay que generar en esta Sede con el fin de conducir mejor a nuestros alumnos al mundo que les tocó vivir. Para ello se han puesto en desarrollo por parte de esta Vicerrectoría programas como el Parque de Innovación Empresarial que busca realizar un giro en la formación de profesionales que se convierten en buscadores no siempre exitosos de empleo estable, para pasar a la de formación de empresarios o, por lo menos, de empleados con algo más que un título bajo el brazo, cual es la de una idea clara de renovación y revitalización de una empresa. Por otra parte, se han generado líneas de financiación explícitas que buscan acercar las esferas de la docencia y la investigación, normalmente muy distantes por las razones históricas que se han dicho, pues es en la investigación donde se inicia la cadena I+D+I. Por último, se han desarrollado varios convenios marco con importantes entidades que pretenden, por la vía de la cofinanciación de proyectos, hacer más sólida la articulación de la Universidad con la sociedad empresarial pública y privada en un esquema de consultoría y consejería permanentes.
En mi concepto, los modelos de universidad que se han desarrollado en el país están en estrecha correlación con los modelos económicos. Hasta los años cincuenta, el modelo económico preponderante en el país hasta los años 50 fue el de ventajas comparativas, que buscaba producir bienes exportables a partir de lo que nos hacía competitivos en el mundo por nuestra naturaleza tropical húmeda. Así surgió la economía cafetera, que comenzó su despegue orientada de una vez a los mercados internacionales. Es importante destacar que esto, que estaba claro en los años 20, se reclama actualmente como una necesidad imperiosa, para productos que no estén en su estado natural, sino que tengan valor agregado. Sinembargo, en esto último reside el problema: la agregación de valor depende de la existencia de sólidos esquemas de I+D+I, de lo cual en el país hay muy poco. Como se dijo antes, fueron los cafeteros los que lideraron este planteamiento, con centros como Cenicafé, cuya investigación permitió mantener con competitividad al café durante décadas, como grano. Sinembargo, la falta de investigación y desarrollo en más agregación de valor (empaques, tostado, comercialización, etc.) impidió llegar más lejos. Pero ello no debe opacar el fuerte compromiso de ese sector con la investigación, toda vez que en la creación de la Federación de Cafeteros en 1927 se destinó un 15% de su presupuesto a tal actividad, lo que constituye no solo un ejemplo para el sector productivo del país.
La falta de generalización de esquemas de I+D+I en el país fue ocasionada por el modelo económico de sustitución de importaciones que vino a continuación y que tuvo dos graves efectos:
a) Se enfocó a un mercado interno bastante pequeño y, además, pobre.
b) Fomentó un desinterés por la investigación y, por ende, modeló una idea de universidad como centro de educación superior, a secas, no como centro de formación de profesionales creativos e innovadores y/o de investigadores, puesto que se trataba simplemente de adaptar tecnologías desarrolladas en otros países, no de desarrollar nuevas tecnologías. Cuando las universidades volvieron a interesarse por la investigación en los años 80, al final del modelo de sustitución de importaciones, la actividad investigativa surgió como un apéndice añadido a la actividad docente, entendida, en una lógica de la dependencia tecnológica y una apropiación dirigida a sustituirla lentamente, como la romántica transmisión del conocimiento universal de la que hemos hablado más arriba.
En esta medida, las universidades privadas empezaron a proliferar, pues lo que se les pedía y se les sigue pidiendo desde el Gobierno es más bien poco: formar profesionales con conocimientos supuestamente establecidos en la esfera internacional (léase países desarrollados). Así se llegó al esquema atípico de 70% de universidades privadas contra 30% de públicas, lo cual resulta extraño incluso en los países más liberales del mundo.
Para ir más lejos en las implicaciones de este esquema, las universidades públicas comenzaron desde 1970 a tratar de distinguirse de las privadas por un rasgo interesante pero arriesgado: la contratación de profesores de tiempo completo sin compromisos en investigación, como respuesta al fuerte apoyo en catedráticos característico de las privadas. Dicha falta de compromisos en investigación hizo que ésta siguiese apareciendo como la aventura peculiar y quijotesca de la que hemos hablado antes al lado de una docencia realizada como transmisión de saber. Paralelamente se produjo un indebido deterioro de la imagen del profesor catedrático el cual, si se mira con cuidado, es un personaje paradigmático para la mayoría de los estudiantes, particularmente en las profesiones, ya que ven en él un ejemplo de éxito profesional digno de imitar en muchos casos. Mas aún, los profesores catedráticos representan, para la universidad, un valioso canal de articulación con la sociedad de la cual tiende a aislarse, como se describe más adelante.
La transmisión del saber universal, a la cual se redujo la docencia como consecuencia de dicho modelo económico, implicó un desmesurado énfasis en la docencia en menoscabo de la discencia: puesto que se trataba era de asimilar tecnologías, no de desarrollar nuevas. De esta suerte, las universidades públicas empezaron a aparecer como entidades mucho más onerosas que las privadas ante un Estado y una sociedad que sólo veía y sigue viendo en ellas la necesidad de formar profesionales. De fondo, este mayor costo tiene dos motivos: a) el alto índice de profesores de tiempo completo y, a veces, de personal administrativo y b) los costos de la incipiente investigación. El resultado de todo esto es que tales sobrecostos aparecen actualmente, para la sociedad, como injustificados, debido a que ésta, a pesar de haber dejado atrás el modelo de sustitución de importaciones hace más de diez años, aún no alcanza a comprender la imperiosa necesidad del trinomio I+D+I para el nuevo modelo económico de competitividad global, que nos sorprende sin preparación en muchos aspectos. Según una encuesta, menos del 3% de los empresarios colombianos comprende esta necesidad, lo que está ligado a que casi la totalidad de la investigación que se hace en el país se dé en universidades. Ambos hechos contrastan fuertemente con sus correspondientes de países desarrollados. Mientras tanto, la sociedad sigue concibiendo la universidad solamente en términos de formación de profesionales y, por ello, claramente aparece como más eficiente el modelo de universidad privada y, de ahí, las voces que claman por un subsidio a la demanda. Pero todo esto se da por un desconocimiento cultural y político profundo de lo que es realmente una universidad y su necesidad en la era de la sociedad del conocimiento.
Por contraste, en el antiguo modelo económico de ventajas comparativas, estaba más claro que la exportación (antiguo término que resulta insuficiente para lo que hoy es ya una feroz competencia global) exigía investigación, como ilustra el caso singular del café. Sin entrar a discutir ni mucho menos a justificar el modelo de competitividad global que se nos impone desde fuera, que es criticado por su agresividad, desde el punto de vista universitario debe verse como una oportunidad para fortalecer la investigación y la innovación, pues al país mismo no le queda otra salida. En consecuencia, en este terreno se juega la responsabilidad social de la universidad, por un lado, y la responsabilidad de la sociedad para con ella, por otro.
Paralelamente a los cambios de modelos económicos, se ha dado en la sociedad colombiana en estos años recientes un enorme descrédito de lo público, particularmente a partir de los años noventa, el cual es bastante evidente y no requiriría de comentarios, si no fuera porque, como consecuencia de él, se ha exacerbado la hostilidad del sector empresarial hacia la universidad pública, paradójicamente en momentos en que el país más requiere un estrecho acercamiento entre ambas partes. A su vez, este desafío choca contra un mal endémico de la sociedad colombiana, cual es su carencia de nacionalismo y su exagerada xenofilia, que juntas crean descrédito hacia los desarrollos vernáculos y
los deslegitiman antes de nacer.
Por tanto, la adopción de un modelo de universidad acorde con los tiempos debe darse, a mi juicio, en los siguientes frentes:
a) Una revolución pedagógica, orientada al énfasis en el aprendizaje, rebajando el perfil de la enseñanza. Si se tiene en cuanta que la Reforma Mockus no se completó en esta dirección y que la contrarreforma se debió, evidentemente, a la inercia de la tradicional pedagogía paternalista antes que a políticas rectorales, resulta claro que como acompañamiento a la nueva reforma académica se requiere una suerte de revolución cultural en este aspecto.
b) Contrarrestar el descrédito de lo público, particularmente en el influyente y decisivo sector empresarial. Esto pasa por una agresiva campaña de promoción de la Universidad, a partir de cifras e indicadores reales.
c) Promover la imperiosa necesidad del I+D+I en la sociedad de nuestro entorno, especialmente en los sectores gubernamental y empresarial. Este es un aspecto especial de lo anterior pero que requiere de un programa aparte, dada la incomprensión en la sociedad colombiana sobre el vínculo necesario entre el desarrollo a la investigación y la asociación de aquel a meras inversiones e inversionistas. En este sentido se deben pensar estrategias en investigación aplicada, reconversión industrial, incubación de empresas, parques tecnológicos, transferencia de tecnología, etc.
Todo lo anterior depende del impulso a la investigación. Para constituir en nuestra Sede una universidad auténticamente investigativa se requiere superar cierta tendencia, vista en el pasado, a presionar la realización de investigaciones o de aumentar la producción académica por medio de normas y decretos. En mi humilde parecer, es más eficiente crear mecanismos financieros que conduzcan a ese fin. Sinembargo, dada la heterogeneidad de los perfiles de los profesores de la Sede, consecuente de la transición en que se encuentra la Universidad de un centro de formación de profesionales a una universidad en el sentido que tiene el término en los países desarrollados, se requiere un importante trabajo previo: la formación de una cultura investigativa, en otras palabras, la popularización de esta actividad, de manera que se logre en el muy corto plazo el cierre de la brecha existente entre las actividades de docencia (entendida como mera transmisión de conocimientos consolidados en otras latitudes y sin soporte en investigación vernácula), investigación (concebida tradicionalmente como actividad que pretende aportar más al conocimiento universal que al de interés regional) y, en parte, extensión (que debe tener un norte claro hacia el fortalecimiento de la sociedad en su productividad, sus conocimientos y sus valores). Si la formación en pre- y posgrado se encuentra más influida por la actividad investigativa y ésta, a su vez, se orienta en buena medida a impactar de manera directa el desarrollo regional o nacional, se podrá decir no sólo que las tres actividades se encuentran en mejor interacción sino también que la universidad estará cumpliendo mejor sus deberes.
Actualmente se encuentran en marcha diversas iniciativas tendientes a arraigar y fortalecer la cultura investigativa en la Sede: semilleros de investigación, apoyo financiero continuo a posgrados, formación de profesores en doctorado, aumento del acervo bibliotecario, incremento de computadores para la consulta en internet, presencia en congresos internacionales, traducción al inglés de artículos, preincubación de empresas, entre otros.
Llegados a este punto, podemos afirmar que las iniciativas puestas en marcha apuntan a un acercamiento de las esferas de docencia, investigación y extensión de la manera siguiente: Tradicionalmente, la actividad de docencia ha estado orientada a la formación de profesionales, los cuales normalmente no salen preparados como empresarios por lo cual su primera labor consiste en obtener un empleo, el cual en el país se ha hecho escaso, mal pago y de alta precariedad. Paralelamente, en los últimos veinte años se han realizado las actividades de extensión, orientadas a la realización de cursos cortos y contratos, y de investigación, en las cuales ha primado como norte la publicación de resultados en medios nacionales o internacionales, con lo cual un investigador normalmente obtiene su plena satisfacción. El diagrama de la Figura 1 ilustra este esquema tradicional.
Figura 1. Esquema tradicional paralelo de actividades universitarias
Las medidas puestas en marcha, descritas en los párrafos anteriores, apuntan a una interacción más fuerte entre las actividades de docencia (entendida ahora como formación, lo cual implica en buena medida la autoformación, según queda dicho), investigación y extensión, de la manera que ilustra la Figura 2, que se explica a continuación.
Figura 2. Esquema propuesto para la interacción de actividades universitarias
a) La palabra docencia es sustituida por la de formación, lo que trata de reflejar la transformación de los roles de profesor y estudiante que se ha descrito más arriba.
b) La interacción entre formación e investigación se da, por la izquierda, como alimentación de la formación con base en los resultados investigativos y, por la derecha, como desarrollo de ideas de empresa en la universidad a partir de investigaciones.
c) De manera similar, la interacción entre extensión e investigación implica el recurso a la sociedad como fuente epistemológica de preguntas que susciten el espíritu inquisitivo del cuerpo académico, de una parte, asi como fuente financiera de rentas que permitan allegar más recursos para el desarrollo de investigaciones pertinentes con usuario final, esto es, con entidades públicas o privadas concretas interesadas en sus resultados.
d) Tanto la investigación como la extensión alimentan la actividad de formación, lo que puede lograrse con la participación de estudiantes en ese tipo de trabajos, que a mi juicio debería ser reglamentaria.
e) La anterior conexión de la universidad y las empresas alrededor de la investigación beneficia la producción académica, como se da en países desarrollados en los que múltiples artículos de congresos y revistas son escritos conjuntamente por investigadores de ambas partes.
f) La actividad de generación de empresas, orientada a los alumnos, liga con la de investigaciones con usuario final, que tiene como eje al profesorado y a los técnicos de empresas y entidades públicas, lo que logra cumplir el objetivo de hacer de la universidad un ente más protagónico en el desarrollo nacional.
g) Finalmente, las actividades tradicionales no sólo se mantienen, sino que terminan fortalecidas.
5. La reforma académica de las carreras
El punto anterior conecta directamente con la reforma académica puesta en marcha por la Rectoría. Inicialmente, el propósito de ésta es reducir la alta duración promedio de los estudios de pregrado, que en la Sede se encuentra en 7.5 años para carreras que nominalmente son de 5 años. Sinembargo, la reforma se justifica actualmente con argumentos adicionales igualmente sólidos: el lugar real que ocupa el pregrado en la vida moderna como simple primer escalón, el fortalecimiento de la Universidad en posgrados, la articulación y definición de roles de los diferentes eslabones de la cadena que conduce del pregrado al doctorado, la conducción hacia un aprendizaje de competencias antes que a la enseñanza de conocimientos, la formación de profesionales críticos y autónomos en el pregrado y de investigadores en el posgrado, etc. Sobre estos asuntos se han puesto en discusión del Consejo Académico importantes iniciativas. En este texto sólo quiero referirme a un elemento en particular del sistema de reformas en curso, cual es el paso al sistema de créditos.
El primer paso realizado en esta dirección ha puesto a la luz un resultado interesante: la presencialidad horaria de nuestras carreras es superior a sus homólogos de otras Sedes en todos los casos. En uno de ellos, la relación es casi de dos. Esto se convierte en una de las razones de que la docencia temporal en la Sede sea tan alta. Según la Dirección Académica, el exceso de presencialidad con respecto a la Sede Medellín equivale al trabajo docente de 22 profesores de tiempo completo y muestra que la reforma académica propuesta por la Rectoría (que implica una presencialidad promedio de 18 horas semanales, acompañada del necesario replanteamiento de la actividad docente como orientación antes que como enseñanza, sin el cual la reforma se convertiría en una nueva decepción) es urgente en la Sede. Por otra parte, el resultado es una manifestación de la fuerte inercia del modelo pedagógico extensivo, que se trató de desmontar en la rectoría del Profesor Mockus en la reforma que lleva su nombre, reforma que fue contrarestada silenciosamente por la vía de los “cambios menores”: creación de una asignatura allí, aumento de intensidad de otra allá, establecimiento de un requisito acullá, etc. El modelo pedagógico paternalista está omnipresente en tal contrarreforma, pues en lugar de pasar a las pedagogías intensivas predicadas por el Mockus se mantuvo la hipótesis que los profesores debíamos enseñar ciertos contenidos que se daban en años anteriores (1980, 1970 …) y que ahora no se dan; que las horas (se entiende que presenciales) no alcanzan para enseñar todo lo que hay que enseñar, etc.
El sistema de créditos se basa en el cálculo del trabajo que debe realizar el alumno, tanto en forma presencial como no presencial. Con respecto a los esquemas culturales que debemos reformar ambos son igualmente importantes. Por una parte, en el trabajo presencial se requiere un giro en la manera en que se dictan las clases, de manera que se hagan más cuestionantes que afirmativas, como ya se ha dicho. Por otra, el trabajo no presencial debe formularse de manera que estimule la mentalidad inquisitiva a través del uso de libros y otros medios. Los ejercicios deben orientarse tanto a la solución de problemas como a la invención y simulación de los mismos. La bibliografía debe ser abierta, múltiple y dinámica, superando el confinamiento estático a un texto guía del curso. Se debe aumentar la oferta de cursos virtuales y el apoyo en los mismos con toda la gama de posibilidades que ofrecen: interacción con los alumnos, desescolarización, enlaces, uso de software didáctico, etc.
El paso eficiente al sistema de créditos y la reforma académica como tal requerirán, además, un fuerte trabajo de cohesión en el interior de los Departamentos y de articulación de los mismos, con el fin de ofrecer cursos unificados a estudiantes de diferentes carreras. Esto no sólo atiende a la optimización de recursos sino, lo que es más importante, al fomento de la mutidisciplinariedad por la vía de la interacción entre las diferentes poblaciones estudiantiles. Esta interacción, que actualmente se da en los cursos de contexto, es esencial para abrir la mente de los alumnos a discursos diferentes al de la propia carrera, lo cual es un valioso estimulante para el desarrollo de investigaciones (que, en todo el mundo, se dan cada día mas de forma multidisciplinaria) y para el desarrollo de ideas de empresa dentro de la universidad, ya que muchos fracasos profesionales en nuestro medio se han dado por el desconocimiento o la subvaloración de las otras profesiones. Por ello, se requiere que ambas Facultades trabajen de manera armónica y coordinada en esta transición y que se superen ciertos divorcios y ambientes hostiles de trabajo, generados por la apertura de algunos programas curriculares, el aumento de la presencialidad por una contrarreforma sigilosa, la explosión de la docencia temporal, la congelación de la planta docente de la Sede, la falta de indicación expresa de la necesidad de una reforma académica y otros fenómenos. Sin un clima de trabajo más distendido y jovial no será posible lograr una reforma académica y pedagógica exitosa.
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Con estas ideas se busca que, en la esfera interna, la Universidad se convierta, tanto para profesores como para estudiantes, en un ámbito moderno para el desarrollo académico personal e institucional a través de una amplia oferta de oportunidades, dejando atrás el confinamiento en la mera docencia; todo sobre la base de una administración orientada más a la planeación que al trabajo cotidiano, con la cual las esferas puramente académicas se articulen más armónicamente que hasta ahora. Y en la esfera externa, en una institución sólida y visible, altamente indispensable para la sociedad de su entorno desde muchas perspectivas, tanto en actividades de impacto directo como en la normal de formación de profesionales.[[You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one. John Lennon, Imagine.]]