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N O T A S

Del 20 de julio al 23 de junio: nuestro largo siglo xix (por: Carlos-Eduardo Rojas R.). Si admitimos la relatividad del tiempo con respecto a los fenómenos estudiados bien podemos reconocer su sucesión, la simultaneidad de diferentes temporalidades o,…

Hazel Robinson-Abrahams, en diálogo

-Es tan amable de recordarnos sus orígenes familiares, en las estirpes Robinson y Abrahams? El apellido Berelski/Robinson es predominante en Providencia, apareció a mediados del Siglo XVIII; se dice de un marinero polaco enfermo que fue dejado en la isla y al nacer su primer hijo en el lugar, cambio el apellido de Berelski a Robinson.

Los albores de la novelística de Hazel Robinson-Abrahams

Gracias a una pregunta sobre San Andrés, formulada en una columna de El Espectador en 1959, a la cual respondió una joven nacida en la isla, y de padres nativos, el 27 de junio de 1935, quien había realizado los doce años de estudios formales en colegios insulares y del continente cuyos nombres no quiere repetir, se dio a conocer al país el nombre de Hazel Robinson Abrahams.

Algunas columnas en el diario colombiano «El Espectador»: «Meridiano 81»

En la parte más alta de la isla, casi en su centro, había un árbol muy grande de tamarindo. Desde su copa se alcanzaba a ver el mar en contorno. Era la época del algodón, esto hace más de un siglo y la isla quizá pareciera el reventar de una ola inmensa. A la sombra de ese árbol se reunían los pobladores de entonces a escuchar a alguien que los atraía; sus palabras, su voz, el ademán tranquilo y cuanto expresaba era tan cordial como la sombra del tamarindo. Todos esperaban la hora de reunirse con satisfacción. A las palabras seguían los himnos y con el canto aprendieron la armonía para vivir reunidos como hermanos, para ser bondadosos y para vivir en paz.

De la incredulidad al entusiasmo

Como varios escritores de ficciones, gastada la vanidad de mostrarse, mi ánimo empezaba a acusar el cansancio de participar en exhibiciones de autor. No era un rechazo de la soberbia, ni la incomprensión ante el estado de la distribución de las novelas y cuentos, el número de librerías, los índices de lectura. El escritor inerme intentaba diálogos a propósito de sus libros, y esos libros no habían sido leídos. Así los encuentros se convertían en episodios de equilibristas que recorrían la cuerda floja sin redes de seguridad y entre breves intentos de vuelo y sustos rocambolescos, se llegaba al extremo con variada suerte. Adversidad o dignidad sin moretones.