La paz tiene un destino ambulante
Por este camino que la distancia no vence va una palabra de viaje...
Por este camino que la distancia no vence va una palabra de viaje...
El Geólogo Andrés-Felipe Calle fue secuestrado el 29 de junio de 2014, en la zona rural del municipio de Curumaní, departamento del Cesar, por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional –ELN. Su secuestro duró 59 días y produjo una movilización social inédita en la Universidad de Caldas de donde es egresado. La prensa reportó el hecho como un secuestro en el momento en que realizaba tareas relacionadas con mitigación de riegos asociados a fenómenos de origen geológico: trabajaba en la elaboración de estudios técnicos para el mapa nacional de amenaza por movimientos de masa; su trabajo aportaba a la planificación del territorio con implicaciones sociales en la prevención de desastres.
Si se entienden las movilizaciones pacifistas en tanto ampliaciones de los mundos marcados por las violencias, entonces podemos entender a estas últimas como “contracciones” de la vida, marcadas por expresiones de totalitarismo: ocultamientos, homogenizaciones, estigmatizaciones, colonizaciones.
Una extraña sensación abriga nuestro deseo de pensar. La sensación de estar aconteciendo en el preámbulo de una nueva época convoca nuestras miradas y desata nuestras palabras. Hace algún tiempo venimos conversando en torno a la construcción de la Paz en Colombia, y después de sesenta años destinados a imaginar la vida en medio de la guerra, el rostro del presente parece cambiar de expresión. Ya no somos tan sólo el eco solitario de la denuncia, ni el susurro temeroso de la disidencia, ya no comparecemos ante lo cotidiano bajo el peso del conflicto armado, ya no exigimos una solución política, ahora la estamos viviendo.
El 23 de junio/2016 se ordenó el fin de la confrontación bélica más prolongada que ha sufrido el país en su vida republicana. Ese es el sentido del acuerdo logrado por el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Farc en La Habana sobre el punto específico de “Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y Dejación de Armas”. En últimas, esa es la esencia de las negociaciones que se han surtido en Cuba por casi cuatro años: que acabe la guerra.
Definitivamente los acuerdos logrados entre el Gobierno Nacional y las FARC en la Mesa de Conversaciones de La Habana trascenderán en la realidad nacional no sólo como aquellas resoluciones que lograron silenciar las armas de quienes han estado al margen de la ley por más de 50 años, sino como una verdadera oportunidad para transformar las realidades en esos territorios invisibilizados históricamente como consecuencia del conflicto y el desinterés de la institucionalidad.
Entre el relato testimonial del llamado Holocausto Judío y el relato testimonial de la violencia colombiana parecieran levantarse unas radicales distancias de carácter cultural, geográfico, hasta de tiempo histórico. Pero al recoger ideas de Walter Benjamin y Giorgio Agamben, especialmente la noción de “campo” y las confrontamos con la violencia histórica que ha padecido el mundo campesino colombiano encontramos toda una serie de posibilidades que se expresan a través del relato testimonial.
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