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Diez mensajes para una bitácora

Así como en tiempos pasados los ingenieros utilizaron la regla de cálculo para hacer operaciones matemáticas, los escritores apelaron (y aun apelan) al Moleskine para consignar reflexiones e impresiones de todo tipo, y los antropólogos y trabajadores sociales acudieron al lápiz Mongol acompañado de un cuaderno rayado corriente para escribir sus notas de campo, ahora se utilizan herramientas como el Whatsapp para escribir impresiones y ponerlas en circulación inmediata. Son épocas de escrituras ligeras para ser leídas en tiempo real.

Hay quienes escriben novelas utilizando las redes sociales o, como en el caso de las fuentes de este artículo, se consignan notas rápidas para luego incorporarlas total o parcialmente en trabajos académicos, en boletines o en artículos de revistas como estrategia de dudosa eficacia para resistir a los textos efímeros.

Las diez notas que se presentan enseguida son, al mismo tiempo, un recorrido a saltos más o menos ordenados por teorías, conceptos, autores y narrativas en las cuales se aborda la paz, los conflictos y las violencias. Estos textos también pueden ser leídos como mensajes extensos a una comunidad de amigos virtuales, o como la expresión de un punto de vista acerca de la transición política derivada de los diálogos de paz que se realizan por estos tiempos entre el gobierno y un sector de la guerrilla colombiana.      

¡Lluvia!

El historiador, lingüista y filósofo Tzvetan Todorov en el ensayo La literatura en peligro, hace una consideración incómoda para las narrativas y por extensión para las ciencias sociales; el planteamiento puede sintetizarse así: los escritores se han centrado en las violencias dejando a un lado la capacidad humana creadora. La paz, esa otra parte de la verdad humana, es una página en blanco en la literatura y en la historia. Pensada de otra manera, la paz es una realidad humana y social sin pretensiones de perfección, capaz de revelarse de innumerables formas aun en medio de la adversidad.

En un monólogo escrito por el mexicano Juan Villoro, un bibliotecario invitado como conferencista ha perdido sus apuntes y se ve obligado a improvisar sobre la lluvia; en medio de la tensión del momento inicia una digresión sobre el infierno de Dante con la siguiente frase: “Incluso en los peores momentos y en las más duras mazmorras, un impulso nos permite escapar mentalmente, ascender, subir más allá de las rocas y los muros que nos encierran y llegar al cielo para extraerle algo. ¿Qué obtenemos gracias a la alta fantasía? ¡Lluvia! El ser libre modifica el cielo”.

Paz

En Colombia son pocas las investigaciones de paz. La agenda de trabajo de las ciencias humanas y sociales ha estado copada por los estudios acerca de las causas, dinámicas e impactos de las violencias. Desde la publicación en el año 1962 del ensayo clásico elaborado por Fals Borda, Eduardo Umaña y el obispo Germán Guzmán –La Violencia en Colombia-, el horror ha sido tema central de las investigaciones sociales dejando a un lado el examen de innumerables experiencias pacifistas de personas y comunidades en medio de conflictos y violencias.

Hasta ahora, las discusiones sobre los escenarios del pos-acuerdo y la transición mantienen el enfoque violentológico que pone el acento en las disputas políticas de la sociedad. En los tiempos que corren, el mayor reto para Colombia está en generar culturas de  convivencia que inicien con el desarme y transiten por la justicia social y el bien-estar colectivo.

Pax romana

Desde el inicio de los diálogos de paz entre delegados del gobierno y representantes de la guerrilla de las FARC, algunos opositores al proceso han ventilado sus desacuerdos sin moverse un ápice en sus posturas. A pesar de los avances conocidos hasta ahora, los detractores de los diálogos continúan oponiéndose con la misma intensidad a los términos acordados en justicia transicional y dejación de armas para superar el conflicto armado. Una revisión rápida de los contenidos de las manifestaciones públicas invita a pensar que para una parte de la sociedad política el malestar no es con los diálogos, es con la eventual desaparición del discurso instalado de las violencias. Hay quienes sólo pueden hacer política administrando el miedo.

En declaraciones y debates de los políticos profesionales puede haber más cálculo político electoral de mediano plazo, más juego de poder que vocación por el bien común. Hay quienes para sobrevivir en la política y alimentar la vanidad histórica prefieren la arrogante Pax Romana a la discreta Paz Imperfecta.

Quizá lo más interesante que puede ocurrir con la firma de los acuerdos radica en que la superación del conflicto armado deje de ser una finalidad útil para las promesas y justificaciones de los autoritarismos, las ideologías políticas y los militarismos de todo tipo, para convertirse en un repertorio de medios al servicio de la justicia y el bien-estar.      

Emociones

En tiempos recientes, buena parte de la investigación social se ha dirigido hacia el estudio de las emociones humanas, su papel en la política (M. Nussbaum) y en la construcción de paz (S. Paris), entre otros campos. Sin desarrollo emocional, una parte de nuestra capacidad de razonar como criaturas políticas desaparecerá, advierte Martha Nussbaum en el libro Paisajes del Pensamiento.

De los trabajos se concluye que las emociones son un motor poderoso de las racionalidades y, por tanto, no pueden ser consideradas un asunto menor en la cognición. La paz es también un estado emocional para ser cultivado con tareas básicas como estas:

– No sembrar el odio, ni convertirlo en una herencia cultural.

– Reconocer que en todo ser humano hay un potencial de paz.

– Cuidar lo que decimos y cómo lo decimos.

– Crear capacidad para escuchar e incluir otros puntos de vista.

Agresividad

¿Somos los seres humanos violentos por naturaleza? Buena parte de la organización social tiene como fundamento ese presupuesto: el Estado se arma para disuadir o enfrentar a los violentos. Siguiendo ese razonamiento, las apologías marxistas pregonaron por todas partes que la violencia es partera de la historia y detonadora legítima de la transformación social.

El mundo síquico encuentra en la agresividad una fuente de seducción. Desde hace un par de décadas, la neurociencia invita a pensar que tenemos dotaciones tanto para la agresividad como para la solidaridad, la cooperación y la empatía. En el prólogo al trabajo de David Adamas Cultura de paz: Una utopía posible, el profesor de neurociencia social Roberto Mercadillo advierte. “si la guerra y la violencia son una creación, una construcción cerebral y cultural, el hombre puede inventar y construir la paz de manera racional e intencional”.

En situaciones limite como las que vive el país, cada uno pone en evidencia lo que ha cultivado. 

Galtung

El Instituto para la paz de Oslo (Noruega) se creó a finales de la década de los años cincuenta. El fundador y director fue Johan Galtung, sus libros son fuente de consulta obligada para estudiantes, investigadores y trabajadores de la construcción de paz, la transformación pacífica de conflictos y la comprensión de las violencias.

El Instituto nació en el ambiente político e institucional de la posguerra caracterizado por debates internacionales relacionados con las políticas para el desarrollo, centradas en el progreso y la modernización. Los trabajos del Instituto ligan la construcción y el cultivo de paz a la justicia y el bienestar, a la superación de las violencias estructurales mediante la reducción de las diferencias entre las capas sociales. Los trabajos de J. Galtung hacen parte de una ruta de estudio y acción conocida como paz positiva,  a partir de la cual la paz se encuentra en las políticas y acciones que permitan el despliegue pleno de la vida.

Hace unos meses Galtung visitó el país. En una entrevista de prensa dejó consignada una advertencia que debe ser tenida en cuenta para el proceso de pos-acuerdo y transición: “Primero hay que resolver el conflicto, luego viene el acuerdo”.

Colombia tiene una de las estructuras agrarias más excluyentes del mundo. En materia de participación política, el país requiere personas y comunidades activas e incidentes en el territorio con mecanismos y espacios de participación que amplíen la democracia.

Lederach

La guerra llegó al departamento de Caldas con todos los fierros a mediados de la década de los años noventa. El empobrecimiento de los pequeños productores campesinos debido a la caída del pacto mundial del café, al cambio en las reglas del mercado internacional y a la transformación del papel del Estado (todo ello como parte del paquete de políticas neoliberales puestas en marcha desde 1989), motivó o exacerbó la presencia de guerrillas y paramilitares cuya confrontación, con la acción activa del ejército, provocaría alrededor de cien mil víctimas.

Los relatos de los sobrevivientes, recogidos por investigadores locales, dan cuenta de modalidades inenarrables de las violencias. La disputa a sangre y fuego por el control territorial de las zonas cafeteras empobrecidas provocó, por ejemplo, que el municipio de Samaná tuviera el mayor número de víctimas en Colombia en función del tamaño de la población.

Una década después de la derrota de las FARC, de la desmovilización paramilitar y de las mutaciones de las organizaciones armadas ahora dedicadas al micro-tráfico y al control territorial local, en el departamento de Caldas se hacen visibles los trabajos de personas y organizaciones sociales que construyeron alternativas pacíficas, silenciosas y discretas en medio de conflictos y violencias: Campesinos e indígenas de Riosucio; sacerdotes, mujeres y jóvenes de La Dorada y Samaná; artistas y gestores culturales de Manzanares y Marulanda han trabajado como mediadores en conflictos y han sido constructores de alternativas para la convivencia en paz.

En La Imaginación Moral, John Paul Lederach –quizá el más importante experto mundial en resolución de conflictos- narra experiencias de guerras y paces en tres continentes. En cada uno de los casos analizados en el libro aparecen gestos, símbolos, conversaciones, costumbres locales que lograron transformar realidades violentas. En el lugar que ocupan las técnicas para la resolución de los conflictos, Lederach descubre el valor de las serendipias y de los repertorios culturales para detener las guerras. Una cuestión central en el arte de construir paz, señala Lederach, es dejar de ver las situaciones sociales como polarizaciones duales; dicho de forma llana, la política debe superar la diada amigo enemigo para romper con los ciclos de violencia. Los relatos de Lederach están hechos con el mismo material que cargan en los bolsillos los sobrevivientes del conflicto armado en Caldas.

 Muñoz

En los útimos años han surgido nuevas perspectivas de trabajo que buscan abordar la paz desde la paz. Se trata de una linea de estudio más reciente en la cual la paz se asocia al reconocimiento y comprensión de los conflictos como una característica de los seres humanos que en buena medida se regulan de manera pacífica y pueden ser fuente de enseñanza y aprendizaje para múltiples formas de transformación positiva de las discrepancias. Estudiar la paz desde la paz, señala Francisco Muñoz de la Universidad de Granada, implica fijar la mirada sobre las construcciones humanas, posarla sobre las múltiples experiencias cotidianas basadas en la solidaridad, la cooperación y el afecto en las cuales los conflictos se regulan positivamente dando paso a otras formas de convivencia.

Boulding

En el intermedio de la guerra en Europa, los trabajos de Kenneth Boulding centraron la atención en el conocimiento de las variables generadoras de riesgos de confrontación armada entre países. El propósito central de la investigación para la paz en este período -fuertemente motivado por los llamados de no a la guerra-,  fue el de evitar el conflicto armado entre naciones mediante la intervención sobre los factores polemógenos generadores de violencia directa (se trataba de identificar las correlaciones entre los hechos de violencia directa y los fenómenos económicos, culturales, psicológicos y demográficos). En esta línea de pensamiento, evitar la violencia directa significaba trabajar por la construcción de una paz centrada en la no agresión física y emocional. Este tipo de paz se define en la literatura especializada como paz negativa.

Creadores

Los seres humanos, afirma el filósofo Vicent Martinez, hemos olvidado que es el mismo sujeto quien ha creado las metáforas: el saber científico no es todo el saber. El pensamiento moderno, en tanto racionalidad instrumental, suele ser cuestionado por otros juegos del lenguaje que desnudan las deficiencias del mundo y anuncian la posibilidad de otras formas de ser y estar.

Escritores de diferentes latitudes como Amos Oz, J. M Coetzee y David Grossman, han indagado en sus realidades y producido obras literarias a partir del estudio de conflictos interpersonales y el análisis de situaciones de injusticia y exclusión en sus sociedades. Su propósito ha sido poner en alerta sobre lo que acontece y está mal, pero el sentido de sus obras no se agota en la descripción del daño o en la representación de las tragedias humanas. En ellos no solo se encuentran denuncias acerca del horror, también se hacen anuncios que vale la pena considerar: 

 Amos Oz, en el ensayo Contra el Fanatismo, invita a luchar por la vida y la libertad de palestinos e israelíes con las armas blandas de la música; John M. Coetzee encuentra en la literatura una herramienta para trabajar el perdón y la reconciliación en Sudáfrica. Por su parte, David Grossman en el ensayo Escribir en la oscuridad reflexiona sobre lo que ha significado para su vida y obra el vivir en las entrañas del conflicto árabe-israelí y propone una línea temática de trabajo: “El artista o creador –tanto si es ensayista, panfletista, artista o novelista, como si habla exclusivamente de los sentimientos del hombre como individuo o se opone al régimen social– es un ser libre que se dirige a otros seres y tiene un único tema: la libertad”.

 

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Edición No. 178