Don Alonso Quijada o el poder de los consejos como modelos de conducta social
Primera escena
Cruzo la calle y al dar la vuelta en una callejuela, lejos de las calles reconocidas, veo la imagen de Don Quijote de la Mancha. Imagen que en un gran anuncio de multimedia hace sentir en la magnitud de su iconografía, la transformación de este medio en un discurso con gran poder en el mundo actual; poder lejano del método de aquellos estilos de La Mancha de Don Cervantes.
Don Alonso Quijada, quien como hombre en edad de retirada, elige en su lugar grandes cruzadas contra bandidos en un combate sin fin, es construido y construye a su vez, un discurso sobre un siglo de rupturas cuyas fronteras borran líneas en el tiempo y se establecen actuales en cada momento para hacernos presente la historia. Así es el universo de Don Quijote de La Mancha, un ensamble que bajo imágenes de un hombre que entreverando piezas de un discurso real e imaginado, pone en escena complejos textos que obligan a reflexionar especialmente sobre el poder que ejercen sus consejos y la posibilidad de análisis que ofrece para este hoy de los multimedia, desde donde se accede con lenguajes ligeros a estos relatos, que en tiempos de Dulcinea, fueron escritos en libros espesos y con letras salidas de una lengua hablada por un caballero de triste figura.
El conjunto de cuadros
Lo que podríamos llamar el panteón simbólico de las figuras sobre el valor de la práctica que aparecen en los discursos de Don Quijote, los podemos tomar como mecanismos y estrategias que sirven de parámetro de orientación y norma, de lo que en la actualidad llamamos los campos de acción. Para tal efecto, se han extraído algunas de dichas figuras sobre el concepto de valor de los siguientes textos epistolares, que sirven de medio de entrega a Sancho Panza, fiel discípulo de un maestro igualmente entregado a su responsabilidad:
Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo, las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al cielo, el cual del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontos hacer discretos. Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que eres hombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas; y quiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón; porque el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le inclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo. No digo que traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y bien compuesto. Carta de Don Quijote de la Mancha a Sancho Panza, Gobernador de la Ínsula Barataria (Primera Parte)
La admisión directa de un valor no esperado en el humilde Sancho por parte de Don Quijote, aparece reflejada en la personificación que ha generado el cambio a partir de la investidura como gobernador. El haberlo llevado a sus aventuras, sabiendo que dicho cargo le ofrecería, y su certeza de haber visto en Sancho un hombre de espíritu labriego, le insta a reconocerle de inmediato la primera virtud de su cargo: la discreción. Esto puede sustentarse en las siguientes entrelíneas del texto: “Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, las oí de tus discreciones”. Si hacemos una lectura contemporánea de la frase podemos decir que toda representación está detrás de la conducta; es por ello que cuando nos preguntamos por determinado comportamiento, bien sea porque nos resulte aprobado o absolutamente escabroso, la pregunta no debería ser por la forma en que se manifiesta la representación, esto es, por las formas que adquiere determinado comportamiento o conducta, sino por los detonantes o motivos que llevan a actuar de determinada manera. En esta medida, decir con respecto a Sancho como gobernador, que se ha oído que el humano, enteramente humano, ha sabido aparecer y tomar forma a su debido tiempo, lleva al reconocimiento de la cultura y la naturaleza -en el sentido que Lévi Strauss da a estas dos nociones- del hombre que gobierna según lo esperado y del hombre que cae en sus liminalidades, sin por ello sucumbir al uso simbólico de la animalidad: “Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que eres hombre como si fueses bestia”
La ambigüedad construida en torno a frases como: “muchas veces conviene y es necesario, por la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón”, podemos ponerla bajo el poder del gobernante que debe ser juez, referente, regulador y guardián. No obstante, este consejo deja ver cierta intencionalidad referencial en los principios que reglamentan lo que se considera un buen gobierno para el maestro de Sancho. La transformación de un valor como la humildad, en un obstáculo a depasar –“ir contra la humildad del corazón”-, nos presenta el poder de la naturaleza, pero esta vez como el poder de la esencia del espíritu, de la razón, y no como el límite que la cultura no debe depasar. Similar idea aparece también reflejada en el consejo sobre el aire que la presencia de un gobernante ha de adoptar: “el buen adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le inclina. Vístete bien que te adornes con el hábito que tu oficio requiere”.
Este último consejo no solamente da lugar al mismo gobernante, sino que además, sirve como medio para ubicar el tiempo del poder, un tiempo que se detiene en la investidura, pero que cobra movimiento en los quehaceres que la presencia impone. Así, la vestimenta en este consejo metaforiza el cambio. Cambio que en el caso del bueno de Sancho Panza, no esta al parecer muy asumido:
La ocupación de mis negocios es tan grande que no tengo lugar para rascarme la cabeza, ni aun para cortarme las uñas; y así, las traigo tan crecidas cual Dios lo remedie. Digo esto, señor mío de mi alma, porque vuesa merced no se espante si hasta agora no he dado aviso de mi bien o mal estar en este gobierno, en el cual tengo más hambre que cuando andábamos los dos por las selvas y por los despoblados. Carta que Sancho Panza, el Gobernador, responde a Don Quijote de la Mancha. (Primera Parte)
Sobre la autoridad y la regla los consejos no se hacen esperar. Don Alonso Quijada en sus letras, que la imaginación y la pluma incorporan a Don Quijote de La Mancha, atento a los menesteres propios de la práctica del gobierno de Sancho, le indica asumir la regla de una forma que desde un análisis contemporáneo podemos verla, no como una masa jurídica de orden imperativo, sino bajo la conciencia de sus tres caracteres: lo jurídico, la regularidad y el modelo. Por tanto, el que Don Quijote sostenga que “las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga», vuelve presente la frase sobre aquello que la Antropología en la actualidad sostiene al decir que, es necesario ser consciente de cuál acepción de regla estamos usando para no confundir el código con los esquemas que la engendran. El buen maestro dice a su discípulo en contexto:
No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y, sobre todo, que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no se guardan, lo mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen a ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y con el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella. Carta de Don Quijote de la Mancha (Segunda Parte)
Como diría Bourdieu (1998) haciendo referencia a los tiempos que nos atañen, la regla actúa por la fuerza de la forma. La fuerza de la forma es la fuerza propiamente simbólica. Poner formas es dar a una acción o a un discurso la forma que es reconocida como conveniente, legítima y aprobada; esto es, una forma tal que se puede producir públicamente frente a todos. Es necesario entonces decir, que la regla o la norma misma carece de sentido sino no la antecede y explica un esquema, es por ello que ante el fracaso o resistencia de una norma, reforma o regla, es necesario ir al esquema que la originó y examinar en éste, los orígenes y perspectivas para “ponernos en presente” y poder asegurar un análisis situacional que garantice su funcionamiento o su efectivo replanteamiento.
Sancho Panza, el gobernador, una vez concluida la respuesta a su maestro, concerniente a las reglas que había de observar e implantar,
aquella tarde la pasó (…) en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen gobierno de la que él imaginaba ser ínsula, y ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república, y que pudiesen meter en ella vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama, y el que lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello.
Carta de Sancho Panza, el Gobernador (Segunda Parte)
Por su parte, Don Quijote de la Mancha, insistiendo en sus observaciones sobre su representación de lo que es ser un buen gobernador, nos permite en su texto evidenciar los componentes de la regla en el consejo, esto es, el código y el esquema. La reflexión del contenido del texto nos lleva a plantar que en ese discurso, el éxito de la regla esta justamente en que haya claridad entre sus componentes y no en que ésta sea impopular, y que además, solo podrá modificarse a la luz de su proceso de constitución y repercusión. Atento en ello entonces, escribe:
Mira y remira, pasa y repasa los consejos y documentos que te di por escrito antes que de aquí partieses a tu gobierno, y verás como hallas en ellos, si los guardas, una ayuda de costa que te sobrelleve los trabajos y dificultades que a cada paso a los gobernadores se les ofrecen.(…). Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos; que no hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la carestía. Carta de Don Quijote de la Mancha (Tercera Parte)
A tal observación, un texto de la respuesta, muestra la disyuntiva entre el derecho consuetudinario y el derecho jurídico. Bajo la primera figura, gobernar para Sancho parece ser una práctica que encarna la consecuencia con un discurso que implica las herramientas del poder, y la impartición de los mismos. Pero el empalme que a tientas le hacen quienes lo reciben en su isla, le da a entender que sobre tal derecho consuetudinario no resta sino la imagen de una representación que con el tiempo se ha subsumido, dando paso a un derecho jurídico al parecer contradictoriamente establecido:
Hasta agora no he tocado derecho ni llevado cohecho, y no puedo pensar en qué va esto; porque aquí me han dicho que los gobernadores que a esta ínsula suelen venir, antes de entrar en ella, o les han dado o les han prestado los del pueblo muchos dineros, y que ésta es ordinaria usanza en los demás que van a gobiernos, no solamente en éste. Carta de Sancho Panza, el Gobernador (Tercera Parte)
En la línea de velar porque Sancho sea la proyección práctica de sus anhelos de gobierno, Don Quijote de la Mancha le escribe para ponerlo a salvaguarda de posibles sucesos como el anterior:
Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos estremos, que en esto está el punto de la discreción. Visita las cárceles, las carnicerías y las plazas, que la presencia del gobernador en lugares tales es de mucha importancia: consuela a los presos, que esperan la brevedad de su despacho; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos, y es espantajo a las placeras, por la misma razón. No te muestres, aunque por ventura lo seas -lo cual yo no creo-, codicioso, mujeriego ni glotón; porque, en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de la perdición. Carta de Don Quijote de la Mancha (Segunda parte, Cap. LI)
Finalmente, entre uno y otro texto de las cartas podemos distinguir dos tipos de estructura, una cognitiva y otra evaluativa. La primera haciendo alusión a la forma de construcción del conocimiento y a cómo éste se expresa en los discursos puestos en escena dentro de las prácticas de una época, cuyas dinámicas y reflexiones desbordan su propio tiempo. Por el otro lado, una estructura evaluativa que permite asir unas cosmovisiones, que una vez reapropiadas en la fantasía de un mundo ideal que no es para nada idílico, se articulan de forma efectiva a lo que hemos llamado el panteón simbólico. Panteón simbólico que sólo es posible poner en relación, gracias a una alianza dialógica entre Don Quijote de la Mancha que aconseja y Sancho Panza, el Gobernador, que le atiende. Alianza cuyos imaginarios y representaciones se entrecruzan en un esfuerzo por hacer de los “factores reales” una conjugación entre la historia y la ficción. Es por tanto que el imaginario al proceder de las asociaciones, inclusiones, discriminaciones, deducciones, es allí un concepto mediante el cual, se anhela un cuerpo (institución, unidad, organización) del ideal a construir. Un cuerpo basado en materiales nemotécnicos y socio-estratégicos como la historia, el territorio, los mitos, ritos, valores (el mundo cósmico e ideológico), un lenguaje y una simbólica.
Actuando en el concepto de representación, dicha relación entre lo nemotécnico y lo socio-estratégico que aparece en la obra de Don Quijote de la Mancha, cobra juicio a través de relaciones de fuerza y relaciones de sentido. Las relaciones de fuerza más hacia lo estatuido, ubicándose en el plano de la complementariedad; y las relaciones de sentido, hacia las relaciones vividas en la cotidianidad, ubicándose éstas en plano de la simetría. Relaciones que tienen lugar en el espacio social, que en primer término, bajo su morfología, ponen el acento en que el comportamiento social no depende de los espacios dentro de los cuales éste se desenvuelve, sino de las formas de organización de sociedad que los engendran. Y en segundo término, a través de las maneras como los fenómenos se distribuyen sobre el mapa social y las contradicciones que sobresalen de esta distribución.
Pero en uno u otro caso, y situándonos en el contexto y contradicción de intereses que ponen en evidencia tanto los consejos del maestro como las respuestas del discípulo, podemos preguntarnos, ¿en qué condición una regla puede actuar? ¿A partir de las oposiciones fundamentales que organizan toda la visión del mundo mediante diseños prácticos? Es por ello que, para ponerse en regla, es necesario conocer muy bien no solamente la regla sino las condiciones y todos los actores sociales que entran en juego, especialmente los adversarios; estos en el mundo creado por Don Alonso Quijada, son quizá los de mayor envergadura, como muestra de vigilancia epistemológica de la vida cotidiana. Por tanto, los problemas en los diálogos de la obra aparecen puestos en el plano de las relaciones sociales que emanan de la representación de campos y contextos de dichos actores, moldeándolas, dándoles dirección y sentido (posición, atención).
Por tanto, si el control lógico de la regla o de la norma se ejerce sin saber cuál, cómo y desde dónde se ha construido la representación de una determinada institución, las contradicciones a cada paso no se hacen esperar:
Un negocio se me ha ofrecido, que creo que me ha de poner en desgracia destos señores; pero, aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en fin en fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme a lo que suele decirse: amicus Plato, sed magis amica veritas. Dígote este latín porque me doy a entender que, desde que eres gobernador, lo habrás aprendido. Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima.
Tu amigo,
Don Quijote de la Mancha. Carta de Don Quijote de la Mancha (Parte Última)
Oyó Sancho la carta con mucha atención, y fue celebrada y tenida por discreta de los que la oyeron; y luego Sancho se levantó de la mesa, y, llamando al secretario, se encerró con él en su estancia, y, sin dilatarlo más, quiso responder luego a su señor don Quijote, y dijo al secretario que, sin añadir ni quitar cosa alguna, fuese escribiendo lo que él le dijese, y así lo hizo; y la carta de la respuesta fue del tenor (…)…
Carta de Sancho Panza, el Gobernador
Esas fronteras de la visión del mundo de estos dos personajes que por la filosofia de sus palabras nos permiten retomarlas ahora, nos recuerdan por último y en la medida de la postura sobre los consejos como modelo de conducta social, que la naturaleza de la regla no está en el poder que ella ejerce, por lo demás implícito en su aplicación, sino en la lógica de lo que ella designa o a lo que le da sentido.
París, febrero 22 de 2004