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Juan Hurtado: Itinerario de formación, creación y legado

Al cumplir seis décadas de existencia, la Revista Aleph se alza como baluarte de razón y sabiduría en un mundo donde la inmediatez y la fragilidad del juicio amenazan con deshilvanar el tejido mismo del devenir social. En 1966, mientras Carlos-Enrique Ruiz desplegaba una labor férrea —casi de esgrimista intelectual— para fundar la revista en la Sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia, Juan Hurtado Henao, decano fundador de esa misma sede, residía en Medellín, consagrado al proyecto final de su vida: el Instituto Antioquia.

Este artículo se propone reconstruir, con rigor documental y sensibilidad narrativa, la trayectoria vital e intelectual de Juan Hurtado Henao, figura cardinal en los orígenes de la Sede Manizales y en la gestación de un pensamiento educativo con raíces éticas y proyección regional.

La reconstrucción cronológica de su trayectoria se cimentó en fuentes primarias y secundarias, validadas mediante triangulación y cruce de datos. Se dio prioridad a documentos oficiales, archivos familiares, testimonios orales y literatura especializada. El rigor metodológico se garantizó a través de un sistema de recolección que fortaleció tanto la interpretación crítica como la contextualización histórica.

Durante el proceso documental, se otorgó prelación a las fuentes primarias —en especial sus propias palabras, escritas y habladas—, complementadas con literatura secundaria y documentos públicos. Entre los materiales consultados se destacan:

Informe de Juan Hurtado Henao (1931): Redactado durante su gestión como Director de Educación Pública del Departamento de Caldas. Este documento no solo describe la situación educativa de 1930, sino que expone su visión pedagógica, abordando temas como la formación integral, el rol docente y la responsabilidad estatal.

Carta de jubilación (1953): Oficio dirigido al Dr. José Restrepo Restrepo, Gobernador de Caldas, en el que Hurtado solicita su retiro. En ella, con papelería oficial de la rectoría de la Universidad de Caldas, recorre su trayectoria desde 1919 hasta 1953.

Archivo del Departamento de Caldas: Se verificó su participación en la administración educativa mediante registros oficiales.

Archivos universitarios: Se documentó su papel en la fundación de la Universidad de Caldas y en la consolidación de la Sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia, a través de correspondencia y actas institucionales (Valencia Llano & Gómez Giraldo, 1994).

Otros documentos históricos: Incluyen decretos gubernamentales, publicaciones periódicas de época del diario “La Patria” o “El Colombiano” y el archivo familiar de Hurtado Henao, conservado por su nieto, Juan Gabriel Ocampo Hurtado.

También se incorporaron valiosos testimonios orales:

Grabación de la voz de Juan Hurtado (1970): Entrevista realizada por el Dr. Gabriel Ocampo Londoño en Medellín, con presencia de su nieto como testigo. Las palabras de Hurtado permitieron precisar datos biográficos clave.

Entrevista con Elizabeth Palomino de Saavedra (2024): Semiestructurada, realizada con la sucesora de Hurtado en el Instituto Antioquia. Debido a su estado de salud, se contó con el consentimiento y apoyo de su hija, María del Pilar Saavedra Palomino.

Aportes de Beatriz y Esperanza Hurtado: Hijas de Juan Hurtado, quienes corroboraron y complementaron información biográfica.

La narración de la vida y obra de Juan Hurtado se ha estructurado en seis momentos, cada uno marcado por una impronta vital y pedagógica:

Primera fase: Su formación inicial

Segunda parte: Una etapa de preparación profunda

Tercera parte: Dirección de Educación Pública de Caldas —época de construcción ideológica

Cuarta parte: Decantación, docencia y vida familiar

Quinta parte: La época de las universidades —materialización ideológica

Sexta parte: El último proyecto académico —el Instituto Antioquia (1959–1980)

Juan Hurtado Henao, educador con una profunda vocación republicana, vivió las complejidades de Colombia durante la primera mitad del siglo XX, periodo en el que se configuró el sistema educativo nacional. Lo que sigue es la historia de su vida y de su obra.

Primera fase: Su formación inicial

Juan Hurtado: entre la educación republicana y la arquitectura del porvenir

La historia de Juan Hurtado Henao se origina en Sonsón, uno de los núcleos fundacionales de la colonización antioqueña, desde donde se derramó la población hacia Salamina, Aguadas, Pácora, Santa Rosa de Cabal y hacia otros municipios. Según consta en los registros de la Catedral de Sonsón, Juan de Jesús Hurtado Henao nació el 9 de febrero de 1901, hijo de José Marcelino Hurtado Naranjo (1861–¿?) y de María Filomena de Jesús Henao (1866–1937). A partir de esta fecha, solía decir con tono evocador: “Nací con el siglo”. Sin embargo, una entrevista concedida en 1970 a su yerno, Gabriel Ocampo Londoño —registrada en audiocasete— revela otra versión: Hurtado afirmaba haber nacido el 8 de febrero de 1902. Esta ambigüedad entre el registro oficial y la memoria es prueba de la precariedad de los sistemas de archivo de esa época.

En los albores del siglo XX, la educación primaria en Sonsón se erigía como instrumento de consolidación republicana. No se trataba únicamente de alfabetizar, sino de formar ciudadanos conscientes de su papel en la construcción de la Nación. Los maestros, en medio del fervor colonizador, asumían el rol de guías morales y promotores del progreso. Como lo señala Roger Pita Pico, “estos establecimientos fueron concebidos no solo como un nivel de formación básica para el desarrollo cultural e intelectual de los ciudadanos, sino también como un espacio propicio para entronizar en la sociedad los principios liberales y republicanos” (Pita Pico, 2015).

Durante la niñez de Hurtado, la colonización agraria se vivía con intensidad. La administración pública fomentaba el aprovechamiento de terrenos baldíos, ofreciendo incentivos como asesoría técnica, exenciones tributarias y derechos de propiedad. Este modelo de desarrollo atrajo a migrantes que, como la familia Hurtado, buscaban prosperar en las agrestes tierras caldenses.

La educación secundaria en Sonsón también respondía al ideario republicano. El Colegio Santo Tomás, fundado en 1846 y aún activo en las primeras décadas del siglo XX, ofrecía una formación centrada en las humanidades, la historia patria, la moral cristiana y el latín. Su propósito era formar jóvenes capaces de asumir responsabilidades públicas y ejercer liderazgo en sus comunidades. Julio César García lo resume con claridad: “La instrucción pública en Antioquia fue concebida como medio para formar ciudadanos útiles, virtuosos y patriotas, capaces de sostener la República con sus talentos y su conducta” (García, 1934).

Juan Hurtado culminó sus estudios primarios en Sonsón a los once años e inició la secundaria en la misma población. Sin embargo, una enfermedad lo obligó a marginarse de las aulas durante dos años (Ocampo Londoño, 1970). En ese lapso, su familia se desplazó hacia Salamina y luego a Manizales, enfrentando las dificultades propias de establecerse en una región en desarrollo con una familia numerosa. Hurtado retomó sus estudios en el Instituto Universitario de Caldas, donde recibió una formación clásica y técnica. No obstante, las circunstancias sociales lo llevaron a retirarse nuevamente para apoyar a su familia.

Este proceso de intermitencia sembró en Hurtado una reflexión profunda sobre el papel de la educación en el desarrollo personal y colectivo. La educación no era solo un medio de ascenso individual, sino un instrumento para estructurar el progreso de la Nación.

Tras este período, ingresó a la Normal Nacional de Varones, bajo la rectoría de Francisco Marulanda. Allí inició su carrera profesional en el campo educativo. Se graduó como institutor con grado elemental y aceptó el cargo de maestro de escuela en Manizales. Al mismo tiempo, continuó sus estudios secundarios y, al finalizar el primer año de ejercicio magisterial, obtuvo el título de maestro superior (Ocampo Londoño, 1970).

La Normal Nacional de Varones se inscribía en la tradición pestalozziana, introducida en Colombia por pedagogos alemanes contratados por el Estado. El método activo, la observación y el desarrollo moral del educando eran pilares de la formación docente (Báez Osorio, 2004). En este contexto, Hurtado finalizó su bachillerato en 1921, descubriendo su afinidad con las letras, la química y la docencia. Su experiencia en la actividad agrícola, combinada con el aprendizaje teórico y práctico recibido en la Normal, le permitió comprender que la educación era un medio para construir sociedad.

Desde sus primeros años, Hurtado fue formado en el pensamiento pedagógico republicano. En medio de la colonización antioqueña, Sonsón se convirtió en un laboratorio de ciudadanía, donde se preparaba a las futuras generaciones para edificar una Nación. Como lo señala William Orozco-Gómez, “la institución ha consolidado una tradición pedagógica, fundamentada desde perspectivas epistemológicas e incluso filosóficas, las cuales han orientado los procesos de formación, y de manera especial, la formación de maestros” (Orozco-Gómez, 2021). Esta continuidad histórica evidencia que la misión educativa republicana no fue un ideal abstracto, sino una práctica encarnada en vidas como la de Juan Hurtado.

Luego de presentar los exámenes de bachillerato, Hurtado viajó a Bogotá con el propósito de continuar su formación y, en paralelo, buscar su inserción en el campo laboral. Así comenzaba una nueva etapa, donde la vocación pedagógica se entrelazaría con el compromiso ético de formar ciudadanos para la República.

Segunda parte: Una fase de preparación profunda

En enero de 1923, Juan Hurtado emprendió viaje a Bogotá, donde se desempeñó como maestro en escuelas nocturnas oficiales para obreros, organizadas por el padre Campoamor. Paralelamente, colaboró como cronista en la redacción del periódico El Espectador, que ya entonces se consolidaba como un referente nacional en los ámbitos literario y cultural. En mayo de ese mismo año, recibió una invitación del Ministerio de Educación para continuar sus estudios en Chile, específicamente en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Santiago (Hurtado, 1953).

Ese mismo mes, Hurtado partió hacia Santiago de Chile, ciudad en la que residiría hasta 1927. Durante ese período obtuvo el título de Profesor de Estado en las ramas de Ciencias Biológicas y Química por la Universidad de Chile, un título especial en Filosofía, un certificado en Psicología Experimental y una acreditación como normalista de la República de Chile (Hurtado, 1953).

Su actividad académica y política fue intensa: presidió el Centro de Biología y el Centro de Pedagogía, y en esa doble investidura, también la Federación de Estudiantes. Fue rector del Liceo Federico Hanssen, donde dictaba la cátedra de Filosofía; profesor de Biología en el Seminario Conciliar de Santiago; miembro de número de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Bellas Artes; y representante de Colombia, junto al poeta Aurelio Martínez Mutis, en el Congreso Internacional del Niño celebrado en Santiago. Martínez Mutis, descendiente de José Celestino Mutis, también cursó estudios de Pedagogía en Santiago, lo que sitúa a ambos en un mismo escenario académico y generacional.

El Instituto Pedagógico de la Universidad de Santiago estaba profundamente influido por el pensamiento liberal, laico y positivista de Valentín Letelier, así como por la tradición alemana introducida por Federico Hanssen, fundador en 1916 del instituto que lleva su nombre. Hanssen orientó su labor hacia la educación nocturna de obreros y empleados, una propuesta que tenía eco con las inquietudes sociales de la época. Como señala Luis Riveros, “Valentín Letelier fue un verdadero paradigma de la Universidad de Chile. Hombre de acción reflexiva, coherente con sus ideas liberales y con profunda convicción sobre el rol del Estado en la educación”¹.

Puede inferirse que Hurtado recibió una doble influencia: por un lado, la estructuración pedagógica de Letelier, rector de la Universidad de Chile entre 1906 y 1913; por otro, el pensamiento filosófico y lingüístico de Hanssen. Ambos contribuyeron a la reforma educativa chilena y, en el caso de Hurtado, le prepararon para trasladar esos planteamientos a Colombia, enriqueciendo así el proceso de transformación educativa nacional. El hecho de que Hurtado haya sido rector del Liceo Federico Hanssen y profesor de Filosofía en dicha institución confirma la profundidad de esta influencia. Como documenta el Programa de Archivos Escolares de la PUC, “el Liceo Nocturno Federico Hanssen surgió en 1916 como una iniciativa dirigida a los trabajadores, siendo el primer proyecto educativo nocturno para obreros en Chile y Sudamérica”².

El Instituto Pedagógico de la Universidad de Santiago, debido a las tensiones políticas del país, se transformó con el tiempo en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), cuyo lema Veritas Lux Humanitatis (“La verdad es la luz de la humanidad”) guarda una curiosa relación con el de la Universidad de Caldas, oficializado en 1950 por el padre rector Francisco Giraldo González: Quoquoque Lumina Spargo (“Por doquier esparciendo luz”), lema que permanece vivo en la memoria fundacional de dicha universidad. Este lema ya era utilizado desde la fundación de la Universidad.

Al regresar a Colombia en junio de 1927, Hurtado asumió la cátedra de Historia en la Escuela Normal de Señoritas de Manizales. En octubre del mismo año fue nombrado rector de la Escuela Normal de Popayán, cargo que desempeñó hasta 1928(Hurtado, 1953).

Las palabras de Pilar Juliana, Vargas Santamaría y Llano Fabián (2012) describen con agudeza el complejo momento que vivían las escuelas normales en Colombia:

“En un contexto de transición intelectual, donde se plantearon diferentes deberes en cuanto a la situación de la población colombiana frente a países europeos, el problema de la degeneración de la raza liderado por Luis López de Mesa, las pedagogías activas introducidas por Nieto Caballero, la formación docente y las diferentes reformas educativas, reclamaban un nuevo tipo de intelectual que pensara la educación y con ello el desarrollo del país.”

En medio de esta estructuración educativa, Juan Hurtado fue invitado a regresar a Manizales para incorporarse a la Secretaría de Educación Departamental, invitación que aceptó con convicción. Inició como jefe de sección, ascendió a la subdirección y finalmente ocupó la Dirección, cargo que desempeñó entre 1930 y 1932. Como lo resume Carlos Enrique Ruiz, “lo más importante de Don Juan Hurtado fue su aplicación a las pedagogías activas, introducidas en Latinoamérica por Agustín Nieto Caballero, de tal modo que los alumnos fueran partícipes entusiastas en los procesos del conocimiento”³.

Sin abandonar la docencia, Hurtado se preparaba para un escenario en el que pudiera convertir en políticas y en hechos concretos aquello que había recibido en su proceso formativo: una pedagogía crítica, humanista y transformadora.

Tercera parte: La Dirección de Educación Pública de Caldas

Época de construcción ideológica

En los albores de la República Liberal, bajo la presidencia de Enrique Olaya Herrera, Juan Hurtado Henao fue invitado a incorporarse a la Dirección de Educación de Caldas. Ingresó como jefe de sección, ascendió a la subdirección y, finalmente, asumió la Dirección entre 1930 y 1932. Durante ese periodo, el gobernador del departamento era don Emilio Latorre Arango, uno de los fundadores de la Federación Nacional de Cafeteros, figura clave en la articulación entre educación y desarrollo regional.

Hurtado, marcado por una sensibilidad profunda hacia el papel de la educación en el progreso socioeconómico del país —una convicción nacida de su experiencia como hijo de la migración antioqueña y de una formación férrea en la pedagogía republicana— encontró en la Dirección un espacio para materializar la ideología que venía decantando. Influido por el pensamiento de Letelier y Hanssen, pilares filosóficos del Instituto Pedagógico de la Universidad de Santiago, convirtió su gestión en una plataforma de transformación. Acompañó su labor administrativa con la docencia en el Instituto Universitario de Caldas y en la Escuela Normal de Señoritas, consolidando una praxis educativa que unía teoría, acción y compromiso ético.

Pero en Hurtado, la administración y la docencia no podían disociarse de la escritura. Como editor de La Cátedra —órgano de difusión desde el cual su oficina irradiaba orientación pedagógica a todo el departamento— y autor de circulares de formato ágil y alcance amplio, convirtió la palabra escrita en vehículo de pensamiento y acción. Su informe de 1931, donde plasmó con claridad sus ideas sobre la educación, no fue solo un documento técnico: fue el esbozo de una estructura ideológica que habitaba en su interior y que, con el tiempo, se traduciría en políticas concretas y gestos transformadores. Para él, escribir era ya gobernar.

La trayectoria de Juan Hurtado Henao, condensada especialmente en ese informe, revela una visión educativa centrada en la formación integral del ciudadano y en el fortalecimiento ético de la Nación. Su pensamiento pedagógico se inscribe en el marco del republicanismo latinoamericano, entendido como el impulso de la educación pública para cimentar una sociedad participativa, crítica y equitativa (Muñoz Gaviria, 2011).

Para Hurtado, el maestro era “la primera escala de elevación en la sociedad”, y debía asumir su labor como una vocación transformadora, basada en la dignidad profesional, la reflexión pedagógica y el compromiso social (Hurtado, 1931, p. 10). Este ideal republicano se manifiesta en su constante invitación a los docentes a perfeccionarse mediante el estudio de los grandes educadores, el análisis de los problemas pedagógicos contemporáneos y la lectura crítica de revistas especializadas. Su exigencia intelectual tenía como finalidad dignificar el magisterio y convertirlo en motor del cambio social.

Su enfoque pedagógico, lejos de reducirse al instruccionismo enciclopedista, promovía una educación que articulara lo intelectual, lo moral, lo físico, lo estético y lo social. Esta concepción integradora anticipa debates actuales sobre la educación como instrumento para la democracia y la cohesión social (Nussbaum, 2010; Villalobos-López, 2022). Hurtado afirmaba que “la función instruccionista que limita su acción a la aglomeración maquinal de conocimientos […] es insuficiente para la formación del hombre completo” (Hurtado, 1931, p. 6). En su lugar, abogaba por una práctica educativa que fomentara hábitos para la participación nacional, promoviendo ciudadanía activa y conciencia histórica.

El uso de pedagogías activas era clave en su propuesta. En la Circular N.º 38 de 1930, interpeló al docente: “¿Hace observar y pensar a sus alumnos, o se limita a hacerlos repetir?” (Hurtado, 1931, p. 15). Esta pregunta resume su invitación a superar la enseñanza memorística y a cultivar el pensamiento crítico. Insistía en el diseño de lecciones útiles y atractivas, en la utilización adecuada del material didáctico y en la creación de un ambiente de confianza entre docente y estudiante. Este énfasis en la participación, la observación y la reflexión se vincula con enfoques contemporáneos de aprendizaje significativo y contextualizado (Prensky, 2001; Calle Álvarez, 2024).

Hurtado concebía la educación pública como un derecho fundamental y un deber estatal ineludible. Su defensa de la ampliación de cobertura, la mejora de la calidad y la formación continua del magisterio prefigura marcos normativos actuales, como la Ley 115 de 1994 y los principios de la UNESCO sobre la educación como bien común (UNESCO, 2021). Como lo señaló Arroyave Palacio (2018): “Garantizar el acceso a una educación de calidad es la piedra angular de una nación justa y equitativa”.

En síntesis, Juan Hurtado Henao dejó una propuesta educativa que, más allá de su contexto, continúa iluminando el debate pedagógico actual. Su visión republicana, humanista y activa proyecta la educación como camino para formar ciudadanos capaces de transformar la sociedad.

Hurtado y la pedagogía republicana

Durante su gestión al frente de la Dirección de Educación Pública de Caldas, Juan Hurtado dejó una impronta concreta y significativa: impulsó la Legión del Alfabeto, fortaleció el Instituto Universitario de Caldas, promovió la educación femenina y estimuló la lectura mediante la instauración del Día del Libro, entre otras iniciativas de hondo calado (Hurtado, 1931).

Sin embargo, fue en el ámbito de las ideas donde su legado alcanzó un valor mayor. No se limitó a delinear el papel del docente, del estudiante o la relación entre Estado y educación; su empeño fue más profundo: procuró, por todos los medios a su alcance, irradiar el enfoque pedagógico republicano y las pedagogías activas a lo largo y ancho de la región de Caldas, así como en cada institución en la que ejerció su labor (Hurtado, 1931).

La propuesta educativa de Juan Hurtado Henao se inscribe en una tradición republicana que concibe la educación como base de la vida democrática, de la ética pública y de la formación de ciudadanía activa[1]. Influido por corrientes transnacionales como las de A. Caswell Ellis, y por referentes nacionales como Agustín Nieto Caballero y Martín Restrepo Mejía, Hurtado articuló una visión pedagógica centrada en el servicio comunitario, la participación social y la dignidad del sujeto.

La Legión del Alfabeto, como expresión concreta de esta pedagogía republicana, promovía la alfabetización no solo como acceso al conocimiento, sino como acto de emancipación ética. La figura del Maestro Honorario —ciudadano que enseña por vocación, sin retribución económica y guiado por el compromiso con el bien común— encarnaba el ideal del educador republicano. Esta noción de voluntariado pedagógico se distanciaba de los modelos profesionalizantes y tecnocráticos, aproximándose a una ética del cuidado, de la solidaridad y de la reciprocidad educativa.

En el contexto colombiano de los años treinta, marcado por tensiones partidistas, desigualdad territorial y precariedad institucional, Hurtado propuso una estructura educativa descentralizada, comunitaria y territorial. Aunque alineado con los principios de la República Liberal —que promovía la modernización por medio de la educación— su enfoque se construyó desde los márgenes, articulando saberes populares, redes locales y normatividades flexibles.

La pedagogía republicana de Hurtado se caracteriza por:

  • La formación de ciudadanos autónomos, éticos y solidarios.
  • La articulación entre educación, desarrollo regional y justicia social.
  • La valorización del saber como herramienta de transformación colectiva.
  • La inclusión de actores no escolares en procesos formativos.
  • La resignificación del maestro como agente político, cultural y ético.

Este enfoque, aunque escasamente abordado en la historiografía oficial, representa una contribución sustantiva al pensamiento educativo colombiano. Al recuperar la experiencia de la Legión del Alfabeto, se reivindica una pedagogía comprometida con la justicia epistémica, la equidad territorial y la reconstrucción del lazo comunitario como base de la educación democrática.

Cuarta parte: Una época de decantación, docencia y familia

Tras su intensa y profunda experiencia como Director de Educación Pública de Caldas, Juan Hurtado Henao vivió un período de maduración intelectual, marcado por la docencia, la vida familiar y la decantación de ideas que buscaban su forma definitiva. Fue una etapa rica y fecunda, en la que la enseñanza se convirtió en laboratorio de pensamiento, y la escritura, en ejercicio de introspección.

En julio de 1932 fue nombrado rector del Liceo Celedón de Santa Marta, institución fundada en 1906 y considerada uno de los bastiones educativos del Caribe colombiano. Allí impartió cátedras de química, física, cívica y otras disciplinas hasta 1934 (Hurtado, 1953). Su paso por esta institución coincidió con un momento de efervescencia educativa nacional, en el que el Estado comenzaba a asumir un papel más activo en la formación ciudadana, impulsado por los ideales de la República Liberal.

Durante los años siguientes, Hurtado ejerció como profesor en diversos centros educativos del país:

  • Colegio Departamental de La Merced, Bogotá (1935)
  • Escuela Normal Nacional de Medellín (1935)
  • Rector del Instituto Salamina (1936), fundado en 1854.
  • Colegio de Nuestra Señora de Manizales (1937).
  • Instituto Universitario de Caldas (1937–1953).

En todos estos espacios, Hurtado enseñó química, disciplina que abordaba no solo como ciencia exacta, sino como puerta de entrada al pensamiento riguroso y a la observación crítica del mundo.

Este itinerario docente se inscribe en un contexto nacional de transformación educativa. Entre 1930 y 1946, Colombia vivió una modernización pedagógica impulsada por los gobiernos liberales, que promovieron la educación como instrumento de integración nacional y justicia social (Herrera, 1993; Tirado Mejía, 2024).

A pesar de sus múltiples desplazamientos, el retorno constante a las tierras caldenses revela su sentido de pertenencia. Salamina y Manizales no eran solo lugares de residencia: eran territorios afectivos, espacios de memoria y de arraigo. Allí se estableció y contrajo matrimonio con Elena Giraldo (1913–1974) para formar una familia con sus hijas Beatriz, Esperanza, Cira y Stella. La vida doméstica, lejos de ser un paréntesis, fue para Hurtado el escenario necesario para el fortalecimiento cognitivo personal.

Quinta parte: La época de las universidades

Materialización ideológica

En septiembre de 1946, el Consejo Directivo del Instituto Politécnico–Universidad Popular eligió como rector a Juan Hurtado Henao (Hurtado, 1953).

A finales de ese mismo año, inició gestiones para que la Universidad Nacional organizara una facultad de ingeniería en la ciudad. La propuesta, respaldada por sectores sociales, económicos y gubernamentales, fue formalizada en un memorando dirigido al rector Gerardo Molina. En él se planteaba la creación de la Facultad de Ingeniería como dependencia de la Universidad Nacional, con el compromiso local de ofrecer instalaciones, sostenimiento inicial y acompañamiento institucional. Se proponían especializaciones en minas, petróleo, electricidad, mecánica, química e industria.

La respuesta de Molina, fechada en marzo de 1947, fue afirmativa: se enviaría una comisión académica para evaluar las condiciones de implementación. Ese mismo año, se adaptó el Palacio de Bellas Artes como sede provisional, se aumentó el presupuesto del Instituto y se inició el proceso de matrícula. En febrero de 1948, comenzó oficialmente la Facultad de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional en Manizales, con Hurtado como decano. Posteriormente, la facultad evolucionó hacia Ingeniería Civil y se trasladó a Palogrande, consolidando su presencia en la zona universitaria.

En paralelo, en 1948, el gobernador Carlos Arturo Jaramillo encargó a Hurtado y a Julio Zuluaga el estudio para fundar una escuela de medicina, que iniciaría actividades en 1952.

Hurtado fue nombrado nuevamente rector de la Universidad Popular–Instituto Politécnico en 1950. Entre 1952 y 1954, asumió la rectoría de la Universidad de Caldas, impulsando proyectos como las residencias estudiantiles. En 1954, con la universidad ya consolidada, se retiró para continuar su labor docente en Medellín.

Este período representa la cristalización de su ideología pedagógica: la educación como estructura institucional, como tejido social y como proyecto de Nación.

Sexta parte: El último proyecto académico

El Instituto Antioquia (1959–1980)

El último proyecto educativo liderado por Juan Hurtado Henao fue el Instituto Antioquia, fundado en 1959, del cual fue rector hasta el cierre de su trayectoria académica en Medellín, en 1980.

Según Elizabeth Palomino de Saavedra, quien asumió la dirección del Instituto tras el retiro de Hurtado, esta institución se convirtió en un referente de innovación pedagógica, gracias a los métodos de enseñanza que él instauró. Dichos métodos se fundamentaban en el respeto, el trabajo colaborativo, la creatividad, la responsabilidad y la búsqueda constante del conocimiento. Su enfoque situaba al estudiante como eje central del proceso educativo.

La filosofía institucional del Instituto Antioquia, redactada bajo su influencia, expresa con claridad su visión humanista:

“El proceso educativo debe partir de acciones concretas que promuevan un cambio integral a través de la interacción profesor–alumno–padre de familia, tanto en contenidos como en metodologías, para alcanzar una verdadera praxis educativa; es decir, una educación integradora, innovadora y transformadora: en síntesis, una relación teórico–práctica dentro del sistema educativo.

Se debe fomentar el desarrollo de actitudes y valores positivos vinculados con Dios, la Patria, la familia y la comunidad.

Es esencial cultivar aptitudes frente al estudio, la estabilidad en las relaciones humanas, la capacidad de pensamiento objetivo, el trabajo, y la formación de una actitud social que permita examinar y comprender los problemas de la sociedad, así como colaborar en su solución.

La selección de recursos didácticos debe responder a cada caso específico, considerando el desarrollo mental y la madurez de los alumnos, así como el contexto en el que se lleva a cabo la labor educativa.
El uso adecuado de recursos didácticos contribuye significativamente a la motivación, facilita la adquisición de experiencias significativas de aprendizaje, y ofrece múltiples oportunidades para descubrir intereses y aptitudes, estimulando el pensamiento reflexivo.

La educación no es solo tarea del educador: es un encuentro vivencial y existencial entre profesor, alumno y padre de familia, mediado por el mundo.

Se reconoce, ante todo, al alumno como centro y sujeto activo del proceso educativo.”

Este ideario, lejos de ser una declaración formal, encarnó la praxis cotidiana de Hurtado: una pedagogía viva, situada, profundamente ética. El Instituto Antioquia fue su último gesto educativo, pero también su testamento intelectual.

A modo de cierre

Juan Hurtado Henao Tuvo los siguientes reconocimientos:

Miembro titular del Instituto de Cultura Hispánica. Madrid, España.

Condecoración:   Medalla Francisco José de Caldas.

Condecoración:   Medalla del Centenario de Manizales.

Condecoración:   Gran Cruz de la Universidad de Caldas.

Condecoración:   Medalla Camilo Torres, Ministerio de Educación.

Condecoración:   Medalla del Mérito, Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales.

Juan Hurtado murió en Medellín el 11 de enero de 1981.  Dedicó los últimos años de su vida a compartirlos con su familia. Disfrutaba la literatura, el cine, la televisión y las caminatas en compañía de sus nietos.

La narración anterior da cuenta del aporte que, desde las ideas y desde la práctica, hizo Juan Hurtado Henao a la educación nacional. Su participación institucional —como docente, director de Educación Pública de Caldas, rector de diversas instituciones, y gestor de proyectos universitarios como la Universidad de Caldas y la Sede Manizales de la Universidad Nacional de Colombia— revela una vida consagrada a la educación.

Pero más allá de los cargos y las fundaciones, su contribución más profunda se dio en el mundo de las ideas: su empeño por irradiar los principios de la pedagogía republicana allí donde le fue posible, y por promover las pedagogías activas como medio de aprendizaje y enseñanza, sirvió para llevar la luz de la educación a múltiples rincones del país.

Esta reconstrucción biográfica culmina con las palabras que Hurtado escribió al final de su carta de solicitud de jubilación, dirigida el 14 de febrero de 1953 al Dr. José Restrepo Restrepo, Gobernador de Caldas. En ellas no solo se percibe su lucidez intelectual, sino su calidad humana:

“Pido perdón a usted, doctor Restrepo, por lo extensa de esta comunicación, que se hizo así contrariando mi afecto por la síntesis, por virtud de una información necesaria. Pero se trata del reconocimiento de un derecho que ya pertenece a mis hijas. Ud. sabe que no solicito la jubilación para dedicarme a una vida contemplativa y de molicie incompatible con mi temperamento. Al contrario, necesito el retiro a fin de entregar mis últimos años a la tarea de construir un patrimonio para los míos; a terminar unos cuantos libros de carácter científico y social, que tengo iniciados hace más de cinco años, y a incorporarme como soldado en todos aquellos movimientos modernos que propugnan un mejor-estar de las clases menos favorecidas de la sociedad.
Por este servicio mi familia y yo guardaremos eterno agradecimiento.
Soy su devoto servidor y amigo,

                                                      JUAN HURTADO H.

Juan Hurtado recibió múltiples galardones y reconocimientos. Uno de ellos corresponde a la Resolución C de S 08 de 1998, “Por la cual se hace un reconocimiento al Primer Decano de esta sede de la Universidad Nacional de Colombia”. El documento, fechado el 26 de febrero de 1998, fue firmado por el Presidente del Consejo de Sede, Carlos-Enrique Ruiz, en el marco de los 50 años de fundación de la Sede Manizales.

No hay mejor escenario que esta edición conmemorativa de los sesenta años de la Revista Aleph para honrar el legado de vidas consagradas a la educación, como las de Carlos-Enrique Ruiz y Juan Hurtado Henao: dos forjadores del pensamiento, dos sembradores de luz en los surcos de la palabra.

La Universidad Nacional de Colombia tiene una deuda profunda con Aleph—no solo por haber sido espacio fértil para el cultivo de la historiografía pedagógica nacional, sino por su incesante aporte al pensamiento crítico y a la dignificación de la palabra como manifestación esencial de lo humano.

Referencias bibliográficas

  • Arroyave Palacio, M. (2018). Educación como compromiso ético del Estado. Universidad Nacional de Colombia.
  • Báez Osorio, M. (2004). Las Escuelas Normales de Varones del siglo XIX en Colombia. Revista Historia de la Educación Latinoamericana, 6(6), 179–208. https://www.redalyc.org/pdf/869/86900611.pdf
  • Calle Álvarez, L. (2024). Transformaciones educativas postpandemia. Revista Latinoamericana de Educación.
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  • García, J. C. (1934). Historia de la instrucción pública en Antioquia. Medellín: Imprenta Departamental.
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[1] Revista Aleph – Apartado “Desde Aleph” (2025): “Juan Hurtado, un educador emblemático”
https://www.revistaaleph.com.co/juan-hurtado-un-educador-emblematico/

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Edición No. 218