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Las grandes circunstancias

Pareciera difícil escribir e irse borrando o, como lo practica Jean Bloch-Michel en su ensayo Les grandes circonstances (Paris: Gallimard, 1949), al hablar de su experiencia en la resistencia clandestina contra la ocupación alemana, convertir el habla en asíntota. Esas grandes circunstancias (los 'big troubles, revolution or so...' de Bubulina en Zorba el griego) permiten a los espíritus accesibles conocer el pueblo al que pertenecen: al campesino, al obrero, al loco, al cobarde. Todo, hasta el humo del cigarrillo, deja en ese espíritu una historia. Pues se trata, en el fondo, de conectarse con una lentitud que enseña, lentitud de gente de manos gruesas que se “debe al trabajo solitario y silencioso, a la compañía y al amor de los animales”. En las grandes circunstancias también la memoria viene en ayuda y lo poco que nos queda de ciertos recuerdos es eficaz pues “uno camina y el tiempo también camina”.

La muerte de José Lezama-Lima

En el libro Cercanía de Lezama Lima, en el fragmento “Un triste privilegio”, Roberto Fernández Retamar afirma que él fue el último de los miembros del círculo de amigos de Lezama que tuvo el honor de estar a su lado antes de su muerte. Relata cómo fue testigo de su traslado de la casa de Trocadero 162 al pabellón Borges del hospital universitario Calixto García y cómo, en medio de bromas y muestras de afecto, le dijo: Joseíto….tienes que portarte bien y dejarte hacer todo lo que sea necesario. Fíjate que te han traído al pabellón Borges, que es donde traen a los buenos poetas. Si no lo haces, te mandarán al Sánchez Galarraga.

Juan Nuño: un filósofo con los pies en la tierra

El rescate de una obra filosófica suele responder a la necesidad de fijar y ampliar su recepción académica o al interés que previamente haya podido suscitar entre lectores no especializados. Se reeditan autores clásicos atendiendo a las necesidades curriculares de instituciones de enseñanza o a su grado de popularidad entre un difuso público general.

Contenido de la edición impresa

Los 300 años de Jean-Jacques Rousseau (1712-1789) 1. Rousseau: la modernidad cuestionada/Carlos-Alberto Ospina H./ 2. Rousseau y la música: las razones del corazón/Valentina Marulanda/ 3. Notas sobre algunas polémicas de Rousseau/Iván-Darío Arango/ 4. Rousseau: intempestivo y actual/Marta de la Vega Visbal/ 5. Ecos del Rousseau pedagogo/Heriberto Santacruz-Ibarra/ 6. Rousseau, el…

Las enfermedades de Jean-Jacques Rousseau

Juan-Jacobo Rousseau (1712-1778) fue y es una figura incómoda en la tradición histórica de los intelectuales. Más allá de su rechazo al progreso de las ciencias y de las artes, de su idealismo romántico por el "buen salvaje" americano, de sus profundas contradicciones personales, de sus conversiones religiosas hipócritas, de ser un precursor ideológico de los totalitarismos políticos modernos, lo que no se le perdona es su repudio radical al proceso mismo del pensamiento racional, que dejó bien expresado en su comentario: "Si la naturaleza nos ha destinado a estar sanos, casi me atrevo a afirmar que el estado reflexivo es un estado antinatural y que el hombre que medita es un animal depravado".

Rousseau, el libertario

El ensayo que se abre en estas páginas gracias a esta hospitalidad tan propia de Aleph, es reelaboración de un proyecto de libro de 1988 en torno al ginebrino, el cual incluía la traducción del Contrato Social, misma que en más de la mitad yace en los archivos de mi computador. En la evolución de mi pensamiento y vida, la lectura de Rosuseau, iniciada con mucha intensidad en la segunda mitad de los años setentas, fue fundamental para realizar el tránsito de la obsesión del Estado a la pasión por la Nación, o, en los términos de la teoría dramática de la sociedad que elaboro y ya pronto saldrá al público en forma de libro, del mundo de los sistemas sociales (poderes económico, político, mediático y académico) a los mundos sociales de la vida.

Ecos del Rousseau pedagogo

Me hacen reír esos pueblos envilecidos que dejándose arrastrar por agitadores osan hablar de libertad sin siquiera tener su idea y –el corazón lleno de todos los vicios de los esclavos– se imaginan que para ser libres basta con ser rebeldes.

Rousseau: intempestivo y actual

Trescientos años después de su nacimiento, el 28 de junio de 1712, en Ginebra, "ciudadano de un estado libre", como dice al comienzo del Contrato Social "o Principios de Derecho Político", publicado en 1762, resulta paradójico el modo de actuar de Rousseau, si se le compara con su pensamiento.

Notas sobre algunas polémicas de Rousseau

La principal de las polémicas con Voltaire aparece en la carta de agosto 18 de 1756, donde Rousseau refuta con detalle la idea central del Poema sobre el desastre de Lisboa, idea según la cual la existencia humana estaría dominada por la desgracia, como si el mal tuviera una raíz metafísica, a lo cual Rousseau responde que su único origen es de carácter social y que su fuente está en las desigualdades y no en los fenómenos naturales. Terremotos se presentan por todas partes, el problema está en que los hombres viven aglomerados en grandes ciudades.