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Nos escriben sentimientos en memoria de Valentina Marulanda

Nos escriben… “Amigos: les agradezco que puedan transmitir este anuncio a quienes la admiramos y fuimos sus amigos./ Quiero informar la muy triste noticia de la pérdida de Valentina Marulanda, después de una breve enfermedad que no pudo superar./ La ceremonia de despedida se hará el viernes 12 de octubre de 2012 en la zona de cremaciones del cementerio del Este en Caracas./ Nos iluminó con su inteligencia, calidad, elegancia, belleza y finura personales. Se nos fue con la misma discreción que la distinguió en vida. Marta de la Vega Visbal” (Caracas, 10.X.2012; 11:52 a.m.)

Amor sin rostro

Taddy, un pescador corpulento, de sangre andaluza, mientras caminaba por el Paseo Picasso, pensaba en todas las amigas que había conseguido a través de la línea telefónica. Su móvil ya no era un teléfono, sino una prolongación de su cuerpo y parte de la rutina diaria. Aceleraba el paso para acercarse a algo que le diera sombra, pues el sol canicular hacía estragos en su cabeza descubierta y sus brazos emanaban agua a través de los poros, como si se tratase del más fuerte verano de toda su vida.

El lector en busca de una novela: Macedonio Fernández y Juan Emar

La crítica literaria ha ubicado al escritor argentino Macedonio Fernández (1874-1952) y al escritor chileno Juan Emar (1893-1964) dentro de la vanguardia latinoamericana, tanto por el período en que publican sus primeras obras, como por la fragmentación de la forma y ruptura respecto del canon literario. Sinembargo, la obra de ambos escritores sobrepasa toda clasificación.

La memoria de los intelectuales -Conversación con Carlos Altamirano-

El argentino Carlos Altamirano (Corrientes, 1939) ha sido invitado a Medellín al I Congreso Internacional de Historia Intelectual de América Latina, organizado por el grupo de Estudios de Literatura y Cultura Intelectual Latinoamericana (Gelcil) de la Universidad de Antioquia. En un reconocimiento merecido le ha sido otorgada la presidencia honoraria del certamen.

Una premonición a través de la poesía

He estado enseñando puntos de vista de filósofos toda mi vida, pero nunca he estado satisfecho con mirar una filosofía como si ésta fuera una serie de abstracciones que deban ser juzgadas objetivamente, y sólo objetivamente, en aras de la profundidad y la corrección. Como cada expresión verbal de un individuo distinto, una filosofía refleja una experiencia personal que es necesario apreciar si ésta es comprendida en su verdadero sentido.

Huellas del tiempo

Grávido unas veces agrietando la piel de tan pesado alado otras el pasado es un fardo que doblega o sostiene según de donde sople el viento

En la soledad del universo buscar a Dios

Afinidades electivas, destinos coincidentes, intereses comunes, un gran respeto y una mutua admiración nos unieron en nuestro periplo existencial que ha sido colombiano, francés y venezolano. Nuestro común profesor de Estética, Olivier Revault d’Allonnes, nos habló a la una de la otra, cuando ambas éramos estudiantes, sin que hubiéramos podido encontrarnos en París. Pero ya sabíamos que íbamos a ser amigas.

La razón melódica en la palabra de Valentina Marulanda -In Memoriam

Buen momento intelectual cruzaba nuestra escritora Valentina Marulanda (1949-2012), cosmopolita, estudiosa incansable, con dedicación preferente en el género ensayo, melómana con bases en formación musical temprana, en gramáticas y piano. Fina expositora en conferencias y diálogos públicos, además de gestora de programas culturales de radio en Caracas, lugar de su residencia por poco más de tres décadas, después de alta formación académica en París y de trasegar por el mundo como ávida observadora. Columnista de periódicos y colaboradora en revistas de selecta armadura.

Sobre «La razón melódica» de Valentina Marulanda

Decía Paul Valéry, en alguno de sus dilatados Cahiers, que para encontrar las cualidades esenciales de un idioma era menester acudir a la poesía, porque el poeta es aquél cuyo oficio es eliminar los ruidos del lenguaje, dejando solo los sonidos.

Del valle de lágrimas al mar de la felicidad

Sólo un anacoreta o un asceta —dos palabras para nombrar a aquél que se retira del mundo a meditar y hacer penitencia en nombre de una creencia en un ser superior y un paraíso más allá de la dimensión temporal y del “valle de lágrimas” que, habitamos, según el dogma cristiano— es capaz de renunciar a la propia voluntad, aceptar el dolor como fuente de felicidad y regocijarse en él, en aras de salvar el alma.