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La Revista Aleph cumple 50 años

Cuando una revista colombiana de cultura se apresta a cumplir 50 años de continuas ediciones trimestrales, siempre con rigor en los campos del pensamiento, la literatura, las humanidades y las artes, casi habría que calificar el acontecimiento como un milagro editorial. Sobre todo en una época caracterizada por la atonía moral, la frivolidad y la ligereza, la abundancia de información superficial, la cultura como espectáculo y no como estimulante de un nivel superior de conciencia.

«Don Arnoldo»

Hacía unos pocos días había quedado desempleado, después de trabajar durante 10 años en dos librerías que ocuparon, con distinto nombre, el mismo local: el 107 P del Centro Granahorrar. No era, realmente, la mejor época para estar mirando libros por ahí. Y, al mismo tiempo, si lo era.

José-Félix Patiño y el compromiso universitario / Reportajes de Aleph

Por fortuna no deja de haber personalidades emblemáticas en esta Colombia con padecimientos de signos adversos, referentes para las nuevas generaciones que deben formarse con disposición para contribuir a los anhelados cambios de sociedad, hacia la equidad y la justicia, con educación de calidad para todos. José-Félix Patiño (n. 1927) es una de ellas.

Carlos Gaviria-Díaz: la honestidad intelectual y la democracia

Éramos ocho los estudiantes que asistimos al seminario El problema de la justicia en el juspositivismo, orientado por el profesor Carlos Gaviria-Díaz en el programa de Maestría en Filosofía en la Universidad de Antioquia. Él era Vicerrector General de la Universidad y tenía que lidiar con complejos problemas en una época –1991– más convulsionada de lo normal.

El ‘Centro Cultural Universitario Rogelio Salmona’ y los fines del arte arquitectónico

En la edición 169 de la Revista Aleph (2014) cuando también me referí al Centro Cultural Salmona, que hoy se construye en los predios de la Universidad de Caldas (Manizales), recordaba que el hombre es un aventurero a quien le gusta tender puentes entre su estancia en la tierra y los mundos que piensa e imagina. Pero ahora hay que precisar, no sólo goza tendiendo puentes, pensando e imaginando, sino que todo ello lo hace como una necesidad surgida de su condición mortal, porque el ser humano está sometido a la necesidad de las leyes naturales y a un sentimiento de desamparo ante la magnitud de los hechos que lo rodean: su condición perecedera, el firmamento pleno de estrellas, las fuerzas naturales indomables, la necedad e incomprensión de los demás, y las de uno con ellos; su fragilidad ante el paso implacable del tiempo y la historia. Siendo así necesita crear refugios donde pueda estar como humano que es, y por ello se habla de construir puentes para pasar a aquellos ámbitos, salidos de su pensamiento e imaginación, que ha ido construyendo como morada humana. En ese reino encuentra sus creencias, sueños, anhelos, aspiraciones racionales y, en general, un mundo simbólico en virtud del cual las cosas y las acciones adquieren valor y sentido para él; sin la esperanza de alcanzar una vida mejor, los hombres no laboraríamos y no estudiaríamos. Sin tener la aspiración a una vida grata, duradera, libre y cómoda, no tendríamos religión, arte, filosofía, ciencia y técnica; si no mantuviésemos el ideal de vivir pacíficamente con los demás, en mutua cooperación, de manera solidaria, respetuosa y digna, no estaríamos esforzándonos sin descanso por contar con estados democráticos y organizados para favorecer la vida en comunidad.

José-Félix Fuenmayor: poeta modernista

Colombia acababa de salir de la guerra de los mil días (1899-1902); el país estaba sumido en la miseria material e intelectual. Los dirigentes políticos no daban la talla para colocarse al frente del desarrollo del país, y por el contrario, este conflicto interno dejó desastrosos resultados para la población civil. El desprestigio de sus dirigentes fue notable, no hubo salidas propositivas para el país y el atraso fue cada vez más evidente, sin vías de comunicación y con incipiente industria nacional no había esperanzas para alcanzar niveles de desarrollo competitivos.

Cine en París o de cómo hablar de situacionismo

El título sibilino : In girum imus nocte et consumimur igni me llamó enseguida la atención. Su cierto misterio, agregado al nombre del autor : Guy Debord, me hicieron decidirme ese día que miraba la cartelera de un cine en la Place de la Contrescarpe en París. «Vaya, vaya, una película del famoso situacionista», me dije en el mismo momento en que me resolvía comprar una entrada para la próxima sesión. Después de tomarme un café en un bistrot de la plaza, pues tenía aún un poco de tiempo, me acerqué a la taquilla en la que una señora sentada tejía algo con un aire concentrado. «Una entrada, por favor. ¿Cuánto es ?»