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Carlos Gaviria-Díaz: la honestidad intelectual y la democracia

Éramos ocho los estudiantes que asistimos al seminario El problema de la justicia en el juspositivismo, orientado por el profesor Carlos Gaviria-Díaz en el programa de Maestría en Filosofía en la Universidad de Antioquia. Él era Vicerrector General de la Universidad y tenía que lidiar con complejos problemas en una época –1991– más convulsionada de lo normal.

El ‘Centro Cultural Universitario Rogelio Salmona’ y los fines del arte arquitectónico

En la edición 169 de la Revista Aleph (2014) cuando también me referí al Centro Cultural Salmona, que hoy se construye en los predios de la Universidad de Caldas (Manizales), recordaba que el hombre es un aventurero a quien le gusta tender puentes entre su estancia en la tierra y los mundos que piensa e imagina. Pero ahora hay que precisar, no sólo goza tendiendo puentes, pensando e imaginando, sino que todo ello lo hace como una necesidad surgida de su condición mortal, porque el ser humano está sometido a la necesidad de las leyes naturales y a un sentimiento de desamparo ante la magnitud de los hechos que lo rodean: su condición perecedera, el firmamento pleno de estrellas, las fuerzas naturales indomables, la necedad e incomprensión de los demás, y las de uno con ellos; su fragilidad ante el paso implacable del tiempo y la historia. Siendo así necesita crear refugios donde pueda estar como humano que es, y por ello se habla de construir puentes para pasar a aquellos ámbitos, salidos de su pensamiento e imaginación, que ha ido construyendo como morada humana. En ese reino encuentra sus creencias, sueños, anhelos, aspiraciones racionales y, en general, un mundo simbólico en virtud del cual las cosas y las acciones adquieren valor y sentido para él; sin la esperanza de alcanzar una vida mejor, los hombres no laboraríamos y no estudiaríamos. Sin tener la aspiración a una vida grata, duradera, libre y cómoda, no tendríamos religión, arte, filosofía, ciencia y técnica; si no mantuviésemos el ideal de vivir pacíficamente con los demás, en mutua cooperación, de manera solidaria, respetuosa y digna, no estaríamos esforzándonos sin descanso por contar con estados democráticos y organizados para favorecer la vida en comunidad.

José-Félix Fuenmayor: poeta modernista

Colombia acababa de salir de la guerra de los mil días (1899-1902); el país estaba sumido en la miseria material e intelectual. Los dirigentes políticos no daban la talla para colocarse al frente del desarrollo del país, y por el contrario, este conflicto interno dejó desastrosos resultados para la población civil. El desprestigio de sus dirigentes fue notable, no hubo salidas propositivas para el país y el atraso fue cada vez más evidente, sin vías de comunicación y con incipiente industria nacional no había esperanzas para alcanzar niveles de desarrollo competitivos.

Cine en París o de cómo hablar de situacionismo

El título sibilino : In girum imus nocte et consumimur igni me llamó enseguida la atención. Su cierto misterio, agregado al nombre del autor : Guy Debord, me hicieron decidirme ese día que miraba la cartelera de un cine en la Place de la Contrescarpe en París. «Vaya, vaya, una película del famoso situacionista», me dije en el mismo momento en que me resolvía comprar una entrada para la próxima sesión. Después de tomarme un café en un bistrot de la plaza, pues tenía aún un poco de tiempo, me acerqué a la taquilla en la que una señora sentada tejía algo con un aire concentrado. «Una entrada, por favor. ¿Cuánto es ?»

Reseña de «El verano que nunca llegó», de William Ospina

Los días del verano que nunca llegó en 1816 —debido a los trastornos climáticos causados por la erupción en Indonesia del volcán Tambora—, cuando del 16 al 19 de junio se hospedaron en la Villa Diodati, cerca del lago de Ginebra en Suiza, Lord Byron, Mary Wollstonecraft Godwin, Percy Bysshe Shelley, Claire Clairmont, la condesa Potocka, Matthew Lewis, y John Polidori (entre otros) y, en medio de una atmósfera fantasmagórica, Lord Byron propuso que cada uno escribiera una novela de terror, naciendo entonces y para siempre Frankenstein o el moderno Prometeo, de la después conocida como Mary Shelley, y El vampiro, de John Polidori, han sido suficientemente narrados y explorados. Hasta hoy. Y lo seguirán siendo.

Manifiesto por el libro viejo

En estos tiempos de desmaterialización de la experiencia, de extrema virtualidad y de agorafobia, el libro viejo parece una especie en vía de extinción, y el lector nómada, un dinosaurio. A un par de clics de distancia, sin salir de casa, y muchas veces sin gastar un solo peso, sin ningún esfuerzo, se puede acceder a miles de títulos casi sin pestañear. La lectura se vuelve más cercana a la televisión y el zapping se convierte en una forma de vida. La tribu hipster se siente cool por descargar diez mil libros que nunca se leerán. Mientras tanto, la ciudad sigue guardando para nosotros, otras sorpresas.

Nos escriben… [en la sección: Notas]

“Querida Martica [Marta-Lucía Valencia G.]:/ La infausta noticia del fallecimiento de nuestro gran compañero y amigo Tulio Marulanda-Mejía, me ha causado hondo pesar e ingrata sorpresa, pues ignoraba que estuviera padeciendo enfermedad alguna.

Hemos recibido… [en la sección: Notas]

Las “Obras Completas”, en seis volúmenes (2015), del filósofo colombiano Danilo Cruz-Vélez (1920-2008), publicadas en colaboración por la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Caldas y la Universidad de los Andes, con la dirección editorial de Rubén Sierra-Mejía. Importante destacar la oportuna gestión cumplida por el profesor Carlos-Alberto Ospina H., al asumir el proyecto y permitir que se llevase a cabo, en tanto decano de la facultad de Artes y Humanidades, y en funciones de rector (e) de la Universidad de Caldas.