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«Bulevar de los héroes»: las alegrías de un ‘manizalita triste’

Una novela, alegre, divertida, desenfadada, es esta de Eduardo García-Aguilar, un narrador nacido en Manizales hace 34 años. Bulevar de los héroes es su título. En ella se refleja, con gracia e ironía, toda una época del desarrollo político no solo de Colombia sino, en general, de los otros países latinoamericanos que vivieron esa fracasada etapa con mayor o menor intensidad.

El escritor que le prendió velas a Cochise

A Eduardo lo conocí en marzo de este año durante la “Semana latinoamericana” que organizó el servicio de extensión cultural de mi universidad. Esta “Semana” tuvo algo de encuentro humanístico, mucho de feria, y un si es no es de farnofélica parranda. La primera noticia que tuve de la existencia de Eduardo fue cuando oí que el responsable de la extensión cultural preguntaba iracundo de donde carajo habían salido esos latinoamericanos locos que nadie había invitado y que andaban pidiendo que les dieran una sala para presentar sus folletos y que se les alojara. Ni siquiera necesité preguntar si eran colombianos.

«El viaje triunfal»: los cruzados de la palabra

Eduardo García-Aguilar (Manizales, 1953) culmina su trilogía de novelas con El viaje triunfal (1), primer libro del caldense publicado por un sello colombiano: Tercer Mundo editores, 1993; pues, todas sus anteriores obras vieron la luz editorial en México, incluso las novelas Tierra de leones y Bulevar de los héroes, única novela latinoamericana finalista en el premio internacional Plaza y Janés en 1987. Las tres tienen preocupaciones formales similares y se inscriben en el particular escenario de una ciudad andina de principios de siglo, dominada en sus paisajes por la arquitectura republicana y en el lenguaje de la exacerbación modernista.

Eduardo García-Aguilar: un guía entre las ruinas

Para numerosos escritores, artistas e intelectuales colombianos que pasan por México, especialmente por el Distrito Federal, encontrarse con el novelista y periodista Eduardo García-Aguilar, actual subdirector de France Presse en ese país, se ha convertido en un delicioso y obligado ritual./ Comienza en sus cómodas oficinas del noveno piso de la Torre Latinoamericana, donde el escritor caldense tiene una vista soberbia al Palacio de Bellas Artes.

Orlando Fals-Borda: intelectual ‘anfibio’ entre la academia, el compromiso ético y los movimientos sociales

En la Colombia del siglo XX no ha existido un intelectual, dentro de las ciencias sociales, que haya recibido el reconocimiento, nacional e internacional, del que gozó Orlando Fals-Borda (1.925 – 2008). Este sociólogo “costeño” (quien tuvo una amistad cercana con varios de los miembros del “Grupo de Barranquilla) fue un hombre público, durante más de medio siglo y, como tal, su vida y su obra siempre fueron objeto de escrutinio y de adhesiones y críticas, igualmente apasionadas y polémicas.

Gabriela Mistral y la identidad indoespañola

Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, más conocida como Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura 1945 y primera americana en recibir este galardón, ejerció gran influencia cultural en la primera mitad del siglo XX; al igual que otros humanistas de su tiempo, defendió la democracia, los derechos humanos, la libertad, la igualdad y la justicia social.

Bernardo Soares y la búsqueda del sosiego (Una lectura entorno al «Libro del desasosiego»)

El Libro del desasosiego no es, propiamente hablando, un libro. Quizá debamos referirnos a él como un no libro, como un cuerpo textual siempre en posibilidad de devenir en algo diferente a lo que, edición tras edición, venimos conociendo. No se trata de un libro definitivo o plenamente terminado; acaso lo que podemos decir es que es un libro infinito, en el cual están contenidos todos los temas y las meditaciones que son posibles en la vida.

Nuestros autores preferidos

En varias ocasiones he hablado con Heriberto sobre nuestros autores preferidos. Él me ha comentado que siempre lee con el mayor deleite a Platón y a Rousseau, entre los filósofos clásicos; y a Bertrand Russell y a Claude Lefort, entre los contemporáneos. De esos filósofos, hemos realizado ejercicios de admiración ante los libros de Rousseau y Lefort. Con insistencia nos ocupamos de aplaudir la influencia de Rousseau en Kant y repetidamente llegamos a concluir que la ética kantiana es más comprensible cuando se conocen sus raíces rousseaunianas. Pero la mayor lección de esos autores es que la ética y la política son inseparables, si se busca estudiarlas críticamente.