Cargando sitio

La fuente escondida: la razón poética de María Zambrano

Desde su exilio en Roma, en 1957 María Zambrano escribía a Jorge Guillén, en carta: “Cuando lo conocí [a Miguel Pizarro] yo era una niña y él un joven brillante y lleno de calidades que yo admiraba, y él me llevó al mundo de la poesía y de la belleza. Mi Padre me había llevado siempre por el camino de la filosofía. Yo he buscado la unidad, la fuente escondida de donde salen las dos, pues a ninguna he podido renunciar.”

María Zambrano en América

En las tres décadas últimas es frecuente recibir informaciones y recoger referencias acerca de la filósofa española María Zambrano (1904-1991) desde los más variados medios de divulgación. La extensa obra de la autora se reedita y traduce a las lenguas mayoritarias, a la vez que se editan sus obras completas. Se celebran congresos nacionales e internacionales monográficos. Se representa su única obra teatral (La tumba de Antígona).

Lucrecia de León, el sueño

El presente ensayo se divide en dos momentos. Primero aborda la reflexión de las mujeres en la obra de María Zambrano, de modo que podamos contextualizar la reflexión sobre Lucrecia de León en su pensamiento filosófico; en un segundo momento, expondremos el sueño de Lucrecia de León desde la lectura de María Zambrano.

Meditación errante en tiempo de M.Z.

Tintineos de jardines runrunes de calles dadas al desprestigio y arrullos del agua en las fuentes corredizas hechas al amparo de venturas en remojo Lo dicho se relaciona con el despojo de cada paso por lo quedado atrás al tomar en cuenta a las sílfides a los minotauros/ o a los días monótonos saturados de lluvia El fuego enciende el aire en ocasiones de triste lamento

Presentación del monográfico sobre Fernando González

Sobre Fernando González hay muchas páginas luminosas escritas por amigos, escritores, discípulos, y críticos. Un lugar principal han tenido algunos nadaístas en la amorosa reconstrucción de los recuerdos de su amistad y en la continuidad de la memoria de Fernando González. Gonzalo Arango elogió su autenticidad, las enseñanzas recibidas en la búsqueda de sí mismo, las lúcidas reflexiones mientras caminaba, el esfuerzo por desarmar las mentiras de su tiempo, y el orgullo que sentía frente a lo latinoamericano. Eduardo Escobar ha destacado la honradez y el coraje intelectual, la originalidad y vigencia de su pensamiento, la claridad y el humor de su escritura, y su honda y reflexiva interioridad... Entre otros escritores, Alberto Aguirre explicó los múltiples valores de su prosa, su transparencia y precisión, admiró su amor por la vida y sus importantes valores personales, ignorados y negados en su tiempo, y William Ospina señaló su condición de poeta, soñador, y místico.

Fernando González, un pensador en contravía

Fernando González, nacido en Envigado en 1895, inició sus estudios cuando apenas concluia la larga y sangrienta guerra de los mil días, que cerró el lamentable ciclo de guerras civiles durante el siglo diecinueve. Antioquia salía victoriosa de esa contienda pues había sido baluarte del partido gobernante, el triunfador. Con entusiasmo varios comerciantes y empresarios se lanzaron a fundar industrias en Medellín y municipios vecinos, aprovechando tanto los recursos monetarios acumulados en la exportación de oro y café como la mano de obra capacitada, primordialmente en instituciones como la Escuela de Minas o la Escuela de Artes y Oficios, y en menor medida en  establecimientos fabriles existentes desde el siglo precedente. La antigua villa avanzaba lentamente en el paso de aldea a ciudad, al disponer de energía eléctrica, para el alumbrado público y privado y en menor escala para la industria naciente, planta de teléfonos y los primeros automóviles; pronto vería ampliar y modernizar las redes de acueducto y tender los rieles para el tranvía.

Fernando González entre lo íntimo y lo privado

Fernando González en La tragicomedia del padre Elías y Martina la velera se hace voz presente, se funde con el narrador y dice: “está usted creyendo que el padre Elías es “una pieza de arte”, de esa inmundicia que el mundo llama arte. Sepa de una vez que esta es mi Tragicomedia del padre Elías”.

Fernando González y los nadaístas -Carta a don Guillermo Cano-

Señor Director: cuando apareció el nadaísmo en 1958 los primeros en poner el clamor en el cielo fueron los escritores con vocación de momia consagrada, en turno de mortaja y laurel. A nosotros nos divertían sus aspavientos, en vez de ofendernos. Además, nos eran útiles. Como ellos tenían acceso pacífico a los diarios (nosotros debíamos cometer descabellados desmanes, promover escándalos sacrílegos para ser escuchados), sus pataletas públicas nos ahorraban persecuciones, calambres y linchamientos, las enormes cabezas vacías y puras hacían de cajas de resonancia. Podríamos confesar aquí que nuestra pésima fama de cuya hediondez estuvimos orgullosos, la debemos más a sus iras, que al talento y que a nuestro geniazo impúdicamente confesado.