Vigencia de Albert Camus
El siglo xx, en medio de atrocidades y deslumbramientos, hallazgos felices y grandes desgracias, manifestó las quintaesencias de una civilización en litigio perpetuo, de unas formas temporales y de unas maneras de entender el mundo, que no tenemos más remedio que padecer, aceptar, y querer, y a veces repudiar. Todas las palabras que el pasado había llenado de prestigio fueron releídas para su escenario. Las palabras patria, libertad, destino, individuo, fueron redefinidas y desmontadas de sus viejos sentidos y colocadas en otras perspectivas. Detrás de la muerte de Dios y de la destitución del alma que fue su otra osadía vió el fin de la pintura, el ruido vino a reemplazar la música antigua, rebajó la literatura a simple apéndice de la industria editorial y dudando de todo acabó contentándose con los libros de autoayuda, con Paolo Coelho, las iglesias de garaje y los rituales de las velas de colores y el conjuro chamánico, en una regresión inesperada.