La clave de Melquíades
Imagino la educación en América Ladina como encarnación de las virtudes teologales. Pienso la educación como el daimon que nos invoca desde lo profundo de nuestro ser variopinto para devenir lo que estamos llamados a ser en plenitud. Represento la educación como el sabio ladino Melquíades, capaz de enseñar el amor al saber por el saber del amor; ambidiestro para descifrar nuestro palimpsesto al derecho y al revés; dúctil para transformar la mímesis intuitiva en entendimiento múltiple y en razones complejas; en suma: para tramar en el laberinto de los símbolos de tal forma que el pliego de nuestra perplejidad se despliegue en complejidad pensada.