Carlos-Arturo Torres, revisitado
Una de las características manifiestas del movimiento modernista hispanoamericano a fines del siglo XIX y comienzos del XX fue la de reflexionar sobre la cuestionada relación entre el arte y la ciencia. En esos años, el arte se había emancipado de la sociedad, un arte que ya no se encontraba al servicio de las instituciones y necesitaba más que nunca buscar su propia identidad, constituirse como una práctica sólida. La separación entre el arte y las instituciones también se había dado en la ciencia que era amenazada por una crisis de sentido, puesto que, ya desde la Revolución Industrial, se la contemplaba a la vez como agente de progreso, pero también como responsable de la destrucción de la naturaleza y de la alienación del ser humano. De ahí que, ciencia y arte estuvieron impulsados por exigencias muy similares, y lo que en ciencia valió como afirmación y desarrollo, en el arte supuso la toma de conciencia de una necesidad de cambio que incitaba tanto a la validez de los recursos expresivos como a un sentido propio de las creaciones artísticas.