
Revista Aleph No. 168
(Enero/Marzo 2014 – Año XLVIII)
Monográfico sobre vida y obra del escritor Eduardo Escobar
Ilustración de carátula: caricatura de Antonio Caballero
Acceso directo a la edición completa (cortesía NTC):
http://es.calameo.com/read/0009483280aebb3d0ca96
Eduardo Escobar: esplendor verbal y lúcido razonamiento
Eduardo Escobar, como su muy querido y admirado Fernando González, prefirió la vida del espíritu y del exilio lector. Poeta. Novelista. Prosista. Pintor. Ensayista. Crítico. Melómano. Certero retratista. Como el escritor de Otraparte, mira la tontería y la maldad humana, con lucidez, humor y desencanto. Sin mucha esperanza sobre la suerte de la especie humana. Y también se examina continuamente, y se flagela a sí mismo. En las tentaciones. Las dudas. Los errores.
Presentación de «Cuando nada concuerda»
En la introducción a su nuevo libro de ensayos Cuando nada concuerda (2013), Eduardo Escobar se refiere al nadaísmo como la escuela en donde se formó con el liderazgo de Gonzalo Arango (ídolo juvenil del siglo XX), y cientos de autores representativos de la literatura y el pensamiento universales.
Mi hoja de vida
No puedo enorgullecerme de ser la excepción a la regla que presume que los antioqueños son la mata del trabajo. Aunque milité en el movimiento nadaísta, que predicó en los años sesenta del hiperactivo siglo XX, ahora, muerto y podrido, que el trabajo es un atentado contra la dignidad humana y que el hombre fue creado para el ocio creador, trabajé más de la cuenta, para mi gusto. O para mi disgusto. No me quedó remedio que sudar contra mi alma principesca.
Talvez hubo una vez
Tal vez estamos muertos desde ayer Y el guardián de la puerta de hueso no ha tenido la cortesía de informarnos que ya no pertenecemos al aire de los vivos Tal vez nos dejamos atrás hace rato Y acicalamos con amor antiguo el error de unos hábitos Que nos resistimos a olvidar en un lecho de polvos aprestados...
Vigencia de Albert Camus
El siglo xx, en medio de atrocidades y deslumbramientos, hallazgos felices y grandes desgracias, manifestó las quintaesencias de una civilización en litigio perpetuo, de unas formas temporales y de unas maneras de entender el mundo, que no tenemos más remedio que padecer, aceptar, y querer, y a veces repudiar. Todas las palabras que el pasado había llenado de prestigio fueron releídas para su escenario. Las palabras patria, libertad, destino, individuo, fueron redefinidas y desmontadas de sus viejos sentidos y colocadas en otras perspectivas. Detrás de la muerte de Dios y de la destitución del alma que fue su otra osadía vió el fin de la pintura, el ruido vino a reemplazar la música antigua, rebajó la literatura a simple apéndice de la industria editorial y dudando de todo acabó contentándose con los libros de autoayuda, con Paolo Coelho, las iglesias de garaje y los rituales de las velas de colores y el conjuro chamánico, en una regresión inesperada.
Eduardo Escobar, el personaje
Los nadaístas somos a veces tipos muy de malas para el amor. Yo no me quejo, pero lo digo por Eduardo Escobar, un nadaísta encartado con una de las almas más poéticas de mi generación.
Sobre un equívoco
Cuando el poeta Amílcar Osorio fumó marihuana la primera vez dijo con una sonrisa regada por toda la cara: me siento como si me hubiera comido un circo. Y agregó. Con payasos y todo.
Biografía de un santo sin aureola
Se pudo llamar Malaquías, Atila, o Pablo Sexto, pero se llama Eduardo Escobar. Es el autor de la Invención de la uva y los Monólogos de Noé. No tiene corona sino una gran melena como estilan los santos de nuestro tiempo, santos sin cielo. Vive en cualquier parte donde lo coja el día, contento, y no se suicida. Piensa que es mejor ser Eduardo que nada, tener zapatos que alas.
Carta muy amistosa a Carlos Gaviria-Díaz
Mi querido Carlos. Yo te dije cuando comenzabas a ganar ascendiente en el Polo, un ascendiente inesperado para mí en una liga heterogénea de ex secuestradores, ex sindicalistas devotos de Narciso y señoritos de la izquierda exquisita que disfrutan la vanidad de proponer la reforma de todo, y revolviendo el río de las ilusiones mientras ganan barriga, o se llenan la bolsa, que los políticos son gentes difíciles de entender y manejar, demasiado egoístas para ser buenos amigos.
Conversación con Eduardo Escobar
- Usted se fue muy pequeño de la casa... Mi familia apenas me soportaba y comencé a vivir solo muy temprano, lo cual me permitió conocer a fondo las miserias del abandono. Pero encontré entre los nadaístas una familia sucedánea. Y conté con el afecto de algunas mujeres que me acogieron, tal vez enternecidas por mi desamparo. Puedo decir que la expulsión del hogar me dio también algunos privilegios. La amistad y el amor. Y sobre todo la libertad del lobo. Y el gusto por la aventura. Me di al vagabundeo y conocí el país en sus recovecos más amargos y en sus almas mas queridas...
«Cuando nada concuerda», de Eduardo Escobar
De Eduardo Escobar he visto algunas fotos y quizás dos videos, entre los cuales uno en el que responde a ciertas preguntas de Gloria Valencia de Castaño. Maravillas de internet que pretenden suplantar la presencia pura, para decirlo de algún modo. Maravilla, insisto, ya que es por ese medio que he conocido al Eduardo Escobar de carne y hueso; aunque virtual para mí, pues resido en un país muy lejano de su San Francisco cundinamarqués. Pues bien, esa presencia se me impone ahora con todo su peso, metido como estoy en su Cuando nada concuerda. Placer de lectura.