Manifiesto por la vida
La niebla, vientre materno que acunó nuestras primeras infancias. Paisaje imborrable por las pendientes rocosas del deseo, inevitable erotismo bautizando con luz solar, nuestros primeros silencios. El juego es el natural rostro de toda esperanza. Multicolor memoria, atravesando las fantasmales sombras del miedo, por las batas-faldas…