
Revista Aleph No. 203
(octubre/diciembre – 2022; ¡Año 56!)
Edición monográfica dedicada a exaltar la vida y la obra del filósofo
Carlos-Alberto Ospina H.
Carlos-Alberto Ospina y la pulcritud intelectual
Felicitaciones a un profesor y pensador nuestro que durante toda su vida académica brilló por su seriedad conceptual, su humanismo y su ética. Orlando Mejía-Rivera
Apenas un navegante de la vida
Es extraño sentirse homenajeado; mucho más por la magnitud del acto de homenaje. Hay personas que se sienten elegidas, por voluntad divina o por el destino, a cumplir una labor especial o heroica en la vida; algunas otras se creen iluminadas para ser la guía de los demás, aunque sin saberlo terminan siendo, más bien, opresivas. Este no es mi caso, porque me he dedicado sobre todo al oficio de enseñar, o, lo que es lo mismo, a no dejar de aprender.
Homenaje a nuestro padre, con amor
Ha sido un reto haber estado escribiendo unas palabras para este momento, y es porque escribirle a mi papá para hacerlo público, escribirle a él, quien ha sido durante toda su vida un lector apasionado, pensador inquieto y escritor brillante, pareció en principio bastante difícil. Pero entrando en confianza cuando pensamos en mi papá, escribimos desde el corazón y seguros de que lo que es como padre, en lo más íntimo de la familia lo es también ante toda la comunidad universitaria.
Carlos-Alberto Ospina, maestro de la vida y la templanza
El signo más cierto de la sabiduría es la serenidad constante. Michel de Montaigne
Carlos-Alberto Ospina o el espíritu de la ecuanimidad
No deja de ser interesante pensar en las relaciones que uno tiene con los demás. A no ser que se crea que “No se mueve una hoja si no es por la voluntad de Dios” –frase ésta que la pronuncia Don Quijote en diálogo con Sancho, aunque equivocadamente se piense que aparece en la Biblia–, es decir, a no ser que se adopte un enfoque determinista, bien sea religioso, bien sea científico, el factor fundamental es sin duda el azar. No existe una ley que explique el hecho de que un pastuso llegue a una universidad en Manizales –en mi caso a la Universidad Nacional–; que después de algunos años se vincule a otra universidad –en mi caso a la Universidad de Caldas, y que, en 1975, en el primer semestre, comiencen a estudiar filosofía varios estudiantes, entre ellos Carlos Alberto y yo. Este tipo de circunstancias no tiene nada de extraordinario, y se presentan a cada una de las personas a lo largo de sus vidas, en las múltiples relaciones que se dan en distintos escenarios y contextos, lo cual va conformando la biografía de cada cual.
Educar para el regreso a casa. Vigencia de los ideales humanistas
El conflicto es una condición consustancial al carácter humano, como muy bien lo entendieron los griegos. Aunque no solo entre los hombres, porque desde la primera generación de sus dioses el antagonismo y la disputa también estuvieron presentes. Si fue así entre los dioses, con mayor razón en la comunidad humana, inicialmente surgida de la tierra, hasta el punto de que se habla de una generación de hombres, guerrera y salvaje, “de la época de bronce”, cuyos miembros se aniquilaron entre sí hasta el último de ellos. Antes, otra generación, “la de plata”, había desaparecido exterminada por Zeus por haberse negado a ofrecerle sacrificios. El nuevo comienzo es el que conocemos como la generación de Prometeo, quien formó los hombres de las cenizas que quedaron de los Titanes cuando terminaron derrotados por Zeus. Pero Prometeo forma los hombres rivalizando, a la vez, con los dioses olímpicos a quienes les arrebató el secreto de las artes y el fuego para dárselo a los mortales, quienes sin él no hubiesen podido sobrevivir. Prometeo, el primer protector de lo humano, creyó además hacerle un gran favor al hombre encerrando en una caja todos los males que como mortal podrían aquejarle: las enfermedades, el dolor, la locura, los vicios, las pasiones, el deterioro físico y la muerte. Pero Zeus implacable envió a Pandora quien dejó escapar todos los males y los esparció por el mundo; en el fondo sólo quedó, como sabemos, la esperanza. Ésta por lo menos liberó a los hombres del impulso a ponerle fin a sus días, ante la magnitud de los males que les llegaron. “Según otra versión, los hombres se acurrucaron pasivamente en la penumbra de sus cuevas, ya que conocían la hora de su muerte. Entonces Prometeo les concedió el olvido. Desde ese momento supieron que habían de morir, pero desconocían cuándo. Y se encendió en ellos el afán de trabajo, al que Prometeo dio nuevo aliento con el don del fuego” (Safranski, 2010, pp. 20-21).
¿Es posible la filosofía del arte sin estética?
Cuando las palabras mágicas “ábrete sésamo” fueron pronunciadas, los hombres desde tiempos remotos ya pintaban figuras en las superficies de las rocas y cavernas, practicaban ritos que, por medio de cantos y danzas, convocaban y hacían presentes fuerzas y seres naturales; pero también poderes, energías y espíritus superiores que poseían la misma consistencia ontológica de las cosas naturales, todo lo cual era determinante para sus vidas.
N O T A S – Mensajes de homenaje al Prof. Carlos-Alberto Ospina H.
Carta de agradecimiento al maestro Carlos-Alberto Ospina H. (por Yobany Serna-Castro). Creo que uno de los mejores profesores que ha tenido nuestro departamento de Filosofía, es el maestro Carlos Alberto Ospina. No solo sus conocimientos, sino su agudeza, exigencia, delicadeza y especial manera de transmitir las enseñanzas, hacen de él, a mi juicio, un excelente educador. Creo que, entre nosotros, hay quienes extrañaremos su presencia en estos espacios por los que, desde hace buen tiempo, solemos encontrárnoslo y conversar con él. En alguna ocasión lo hicimos como sus estudiantes, hoy día como sus compañeros de trabajo.