El desterrado -poema del libro: «Cuadernos del exilio»
Demonio caído de un edén de sangre y fuego...
Demonio caído de un edén de sangre y fuego...
La reflexión sobre el devenir de la humanidad en el curso del siglo XXI no puede dejar de considerar el fenómeno generalizado de urbanización que, según las previsiones actuales, corre el riesgo de acrecentar la población en un ochenta por ciento más que en los decenios pasados. Lo que, a su vez, significa el abandono del campo y la agricultura y una elevación industrial masiva y extensiva, con lo cual pueden comprenderse desde ya sus consecuencias nocivas. Esto quiere decir que el gran problema de la urbanización, cuando la gran mayoría de la humanidad esté urbanizada, es inseparable del problema de los campos, siendo evidente que el mundo rural es el que nutre nuestras ciudades.
El desarrollo urbano, económico y social de la ciudad de Medellín-Colombia dio pie a su elección por ONU-Habitat para ser la sede de la Séptima Sesión del Foro Urbano Mundial (WUF7 por sus siglas en inglés, abril 2014). Los organizadores tomaron por hilo conductor “Equidad urbana en el desarrollo – Ciudades para la vida”, pues la desigualdad se ha convertido en el planeta en una brecha cada vez más violenta, de hecho, es una preocupación universal. Las diferencias en el acceso a las oportunidades, la salud, la educación, los ingresos, el consumo, la ubicación urbana o rural, la información y la tecnología, son hoy en día la norma, no la excepción.
El torrente literario que generó Julio Verne (1828-1905) en el siglo XIX, tuvo enormes repercusiones en el mundo y de manera especial en los países de Occidente, donde la República de Colombia ocupa especial ubicación geográfica: esquina noroccidente de América del Sur, sobre la línea ecuatorial, en plena zona tórrida.
Una mirada retro a una pieza de teatro del período formativo de Óscar Jurado, escritor manizaleño que permitió delinear, en los años sesentas, estructuras de las artes escénicas de su ciudad natal.
El sentido de los estudios universitarios (por: Carlos-Alberto Ospina H., Rector (e) de la Universidad de Caldas. Palabras en el acto de grados del 11 de abril de 2014).En estos momentos que, por los juegos de la vida, me ha…
Eduardo Escobar, como su muy querido y admirado Fernando González, prefirió la vida del espíritu y del exilio lector. Poeta. Novelista. Prosista. Pintor. Ensayista. Crítico. Melómano. Certero retratista. Como el escritor de Otraparte, mira la tontería y la maldad humana, con lucidez, humor y desencanto. Sin mucha esperanza sobre la suerte de la especie humana. Y también se examina continuamente, y se flagela a sí mismo. En las tentaciones. Las dudas. Los errores.
En la introducción a su nuevo libro de ensayos Cuando nada concuerda (2013), Eduardo Escobar se refiere al nadaísmo como la escuela en donde se formó con el liderazgo de Gonzalo Arango (ídolo juvenil del siglo XX), y cientos de autores representativos de la literatura y el pensamiento universales.
No puedo enorgullecerme de ser la excepción a la regla que presume que los antioqueños son la mata del trabajo. Aunque milité en el movimiento nadaísta, que predicó en los años sesenta del hiperactivo siglo XX, ahora, muerto y podrido, que el trabajo es un atentado contra la dignidad humana y que el hombre fue creado para el ocio creador, trabajé más de la cuenta, para mi gusto. O para mi disgusto. No me quedó remedio que sudar contra mi alma principesca.
Tal vez estamos muertos desde ayer Y el guardián de la puerta de hueso no ha tenido la cortesía de informarnos que ya no pertenecemos al aire de los vivos Tal vez nos dejamos atrás hace rato Y acicalamos con amor antiguo el error de unos hábitos Que nos resistimos a olvidar en un lecho de polvos aprestados...