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El regreso de Vargas-Vila

Tenemos que creer que es el personaje quien nos habla, no el autor de la novela disfrazado con la ropa del personaje, ni un conjunto de datos históricos amontonados y cubiertos finalmente por una máscara. Ese desafío es mucho mayor si el personaje es un escritor, porque el novelista corre el riesgo de creer que el tono en que escribimos es el que da la plenitud de nuestro ser y de nuestro destino.

¡Resurrección, Lutecia!

Próximo a cumplir cuarenta años, edad en la que un hombre empieza a reflexionar sobre su presente y su pasado, me encuentro en una encrucijada; entre dos continentes, uno que me arroja furioso a los mares y otro que me recibe con su calma abacial. Al mirarme en el espejo de mi soledad, surge una pregunta que me atormenta; ella siembra terribles dudas que intento despejar en estas memorias, en las que mi alma se presenta desnuda. ¿Por qué no pude ser el poeta del pueblo y para el pueblo, cuando la suerte parecía encomendarme esa tarea? Acaso porque a mi lira le faltaron tres cuerdas: fe, patriotismo y amor.

José María Vargas-Vila

Pocas figuras más controvertidas en la historia literaria y política de nuestro país que la de Don José María Vargas-Vila. Nació en Bogotá el 23 de junio de 1860 y murió, en Barcelona, España, el 22 de mayo de 1933. Cuando nace, su padre, el general José María Vargas-Vila, no está presente en el momento del parto pues se encontraba combatiendo bajo el mando, nada menos, que del General Tomás Cipriano de Mosquera. Nace, por lo tanto, Vargas-Vila, en medio de la guerra, bautismo perfecto, como si hubiese sido escogido, premeditadamente, por un destino misterioso y lleno de poderes, dirigido, entonces, a quien estaría, toda su vida, en trance de combate total y sin cuartel, contra gobiernos, iglesias, instituciones, historias, mitos, personas, ideas. Contra una mera pluma en el aire, sí, contra lo que fuera lucharía, durante toda su larga y extraña vida.

C O N T E N I D O de la edición impresa (Aleph-155, Oct./Dbre. 2010)

  E. Caballero-Calderón por Pilar González-Gómez 1. Caín /Manuscrito autógrafo; Madrid, 8 de enero de 1954/ /Eduardo Caballero-Calderón/ 2. Tipacoque existe/Beatriz Caballero/ 3. Un caballero andante/Armando Romero/ 4. España, el Quijote y Azorín viajan con Caballero-Calderón/Juan Gustavo Cobo-Borda/ 5. “Ancha es Castilla, guía…

N O T A S

Palabras en el funeral del Académico Prof. Dr. Carlos Patiño-Rosselli (por: Cecilia Balcázar de Bucher, miembro de número de la Academia Colombiana de Lengua; Bogotá, 5 de septiembre de 2010). Familiares, amigos, colegas de Carlos: Me ha concedido la Academia de la Lengua el honor inesperado y excesivo de…

«Manuel Pacho» – Reseña

Es un privilegio de pocas personas imaginar historias y contarlas con excepcional talento como lo hace Eduardo Caballero Calderón en “Manuel Pacho”. Relato, o novela “ejemplar”, como él mismo lo llama, narra la historia de un joven de veinte años que decide llevar a cuestas el cadáver de su padre asesinado por bandoleros al pueblo, a tres días de camino. Con holgura y riqueza literarias propias de un purista en el arte de escribir, Eduardo Caballero se inventa una odisea increíble con un héroe muy pintoresco: Manuel Pacho con el cadáver de su padre a cuestas en pleno llano colombiano.

Los caminos subterráneos de Eduardo Caballero-Calderón

No deja de ser extraño toparse con el primer libro de un autor que ha tenido una carrera larga y prolífica. Y aún más si ese libro no ha sido reeditado después, que es una manera piadosa de condenar y sumergir en el olvido a aquellos primeros tanteos y búsquedas que, casi siempre sin algún sentido autocrítico, fueron dados a la imprenta. Algo así como esconder en el fondo de un cajón aquellas fotos en blanco y negro donde se adivinan los rasgos del que ahora somos.

El gamonal en la obra de Eduardo Caballero-Calderón

Un concepto síntesis de la formación social colombiana, quizás pueda encontrarse en aquel personaje que pulula en las rígidas estructuras económicas y políticas de nuestra historia local, regional y nacional, sin necesidad de escrutar profundamente las lógicas del poder que se desarrollan en la complejidad variopinta de nuestro país.

París espacio (des)humanizante en «El buen salvaje»

Si admitimos que la modernidad en el contexto histórico-social y cultural es una ruptura radical con el pasado, en donde prima el cambio, la transformación y la mutabilidad; el desplazamiento, el viaje, sería una de las prácticas que más se aproxima a esta experiencia. Es sabido que numerosos escritores latinoamericanos del siglo XX en general, y en el caso particular de Eduardo Caballero Calderón, estuvieron expuestos al desplazamiento, a migraciones o exilios, y en consecuencia a desenvolverse en ámbitos cosmopolitas.

Americanos y europeos o la angustia del criollo del siglo XX

Eduardo Caballero Calderón es el cuarto escritor colombiano que se celebra dentro del marco de una política cultural concebida por el Área de literatura del Ministerio de Cultura denominada “Recuperación de la memoria literaria en Colombia.” En los tres años de existencia que tiene este programa, Tomás Carraquilla (2008) Candelario Obeso y Jorge Artel (2009) son los antecesores de Eduardo Caballero Calderón.