La literatura suele ser fuente de grandes verdades; muchas de ellas pasan de largo en la ciencia y la filosofía, y por supuesto con la amplia indiferencia de la vida diaria. A ella acudimos en recurso de exploración y de distraer momentos difíciles de la cotidianidad. “La montaña del alma”, de Gao Xingjian, es una de las grandes creaciones del siglo XX, y en la que saboreamos, a veces con dolor, verdades cruciales de nuestro tiempo, como cuando se refiere a la manera del hombre salvar “una especie que ha perdido su capacidad de supervivencia”, y a la vez acelerar la destrucción del entorno que le permite subsistir, sin tomar en cuenta que la naturaleza acaba por cobrar venganza. La respuesta está a la vista en el mundo que nos tocó. Y aquella sabiduría recia de Oriente, y de las comunidades ancestrales, no hizo buen lugar en la conciencia de los pobres mortales.