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Justicia

El fiscal le demuestra su cadena de crímenes: Mató a su abuelita materna con raticida. A su mamá la apuñaló en el baño. Les prendió fuego a sus veinte compañeritas del jardín infantil. Luego, adolescente, exterminó a todas las rubias oxigenadas del barrio, violándolas y cortándolas en pedacitos con una navaja de Boy Scout. En sus veintidós años de vida el asesino en serie consiguió la macabra cifra de ochenta y cuatro mujeres muertas, cuyas edades oscilaban entre los seis y los noventa años.

Desde la justicia del sistema a la sanción social

Cuando era niño escuchaba decir a mi padre: “sólo se hace justicia con el ladrón de gallinas”. Con el transcurrir de los años, luego de superar diferentes etapas cognitivas, alcanzar el grado universitario de sociólogo y haber realizado diferentes investigaciones sobre el funcionamiento de nuestra sociedad y sus instituciones básicas, sospecho que aquella premisa pagana de mi padre sigue teniendo hoy la misma certeza. ¿Por qué? Es difícil explicarlo en pocas palabras, pero sin llegar a las raíces más profundas del prolegómeno uno puede dilucidar que la sociedad ha quedado anclada desde siempre en la dualidad amo/esclavo.

Justicia

La justicia, representada por los antiguos griegos como una mujer con los ojos vendados, una balanza en una mano y una espada en la otra, es sumamente descriptiva de lo que aún hoy, más de dos mil años después, seguimos entendiendo por justicia. Se trata de castigar al que rompe el equilibrio de la convivencia, sin “ver” quién es. La espada sugiere un castigo violento aunque podrían dársele otras interpretaciones como son: el remordimiento de conciencia o el rechazo del resto de la sociedad.

Reflexiones sobre la justicia

Aceptamos esta invitación a hacer una reflexión sobre la justicia no como expertos en el tema sino como ciudadanos preocupados, interesados en su análisis y en proponer ideas para su debate.

Patronato histórico de la Revista.

Alfonso Carvajal-Escobar (à), Marta Traba (à), Bernardo Trejos-Arcila, Jorge Ramírez-Giraldo (à), Luciano Mora-Osejo, José-Fernando Isaza D., Rubén Sierra-Mejía, Jesús Mejía-Ossa, Guillermo Botero-Gutiérrez (à), Mirta Negreira-Lucas (à), Bernardo Ramírez (à), Livia González, Matilde Espinosa (à), Maruja Vieira, Hugo Marulanda-López (à), Antonio Gallego-Uribe (à), Santiago Moreno G., Eduardo López-Villegas, León Duque-Orrego,…

El arte o como ser justos con las cosas humanas

Para superar la extrañeza del mundo y ordenar la caótica multitud de estímulos que el hombre primitivo recibía de la naturaleza, les imprimió orden mediante figuras imaginadas. Primero la danza, el canto, el mito y la palabra poética le daban forma a los sonidos, al ritmo incesable del mundo natural y a sus fuerzas indomables; después el dibujo, el moldeado de diferentes materiales y las construcciones para el abrigo de los hombres iban capturando en configuraciones estables los estímulos elegidos como los más determinantes para su impulso vital, para su voluntad de vivir.

Ética y economía: la dignidad de los fines morales detrás de la técnica

Los gobiernos de las naciones se enfrentan siempre al problema de cómo conducir a sus sociedades por el camino de lo que ellas consideran deseable. Lo deseable necesariamente incluye juicios de valor que escapan a los problemas meramente técnicos de cómo usar ciertos medios para la consecución eficiente de unos fines; me refiero a cuestiones éticas relativas a la justicia de los medios mismos y a la elección de ciertos fines últimos para la sociedad en su conjunto, buscando la legitimidad tanto de los primeros como de los segundos.

Justicia y neo-autoritarismo

Las sociedades surgieron como tales porque la amenaza de guerra de todos contra todos y de una vida frágil, dura, breve y triste, como la imaginó Hobbes en el estado de naturaleza de los seres humanos, implicó que éstos antepusieran su propia fuerza y avidez de poder a la necesidad de garantizar una convivencia pacífica y civilizada.

El fracaso de una justicia global

El filósofo del derecho Ronald Dworkin se ha referido a la justicia como “la virtud soberana”. Nunca la justicia fue ignorada o preterida por los filósofos, al contrario, siempre fue uno de los conceptos nucleares de la ética. Pero han sido sobre todo los filósofos contemporáneos quienes la han situado en un lugar preponderante del pensamiento moral y político.