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El arte o como ser justos con las cosas humanas

Para superar la extrañeza del mundo y ordenar la caótica multitud de estímulos que el hombre primitivo recibía de la naturaleza, les imprimió orden mediante figuras imaginadas. Primero la danza, el canto, el mito y la palabra poética le daban forma a los sonidos, al ritmo incesable del mundo natural y a sus fuerzas indomables; después el dibujo, el moldeado de diferentes materiales y las construcciones para el abrigo de los hombres iban capturando en configuraciones estables los estímulos elegidos como los más determinantes para su impulso vital, para su voluntad de vivir.

Ética y economía: la dignidad de los fines morales detrás de la técnica

Los gobiernos de las naciones se enfrentan siempre al problema de cómo conducir a sus sociedades por el camino de lo que ellas consideran deseable. Lo deseable necesariamente incluye juicios de valor que escapan a los problemas meramente técnicos de cómo usar ciertos medios para la consecución eficiente de unos fines; me refiero a cuestiones éticas relativas a la justicia de los medios mismos y a la elección de ciertos fines últimos para la sociedad en su conjunto, buscando la legitimidad tanto de los primeros como de los segundos.

Justicia y neo-autoritarismo

Las sociedades surgieron como tales porque la amenaza de guerra de todos contra todos y de una vida frágil, dura, breve y triste, como la imaginó Hobbes en el estado de naturaleza de los seres humanos, implicó que éstos antepusieran su propia fuerza y avidez de poder a la necesidad de garantizar una convivencia pacífica y civilizada.

El fracaso de una justicia global

El filósofo del derecho Ronald Dworkin se ha referido a la justicia como “la virtud soberana”. Nunca la justicia fue ignorada o preterida por los filósofos, al contrario, siempre fue uno de los conceptos nucleares de la ética. Pero han sido sobre todo los filósofos contemporáneos quienes la han situado en un lugar preponderante del pensamiento moral y político.

Justicia y totalitarismo

La teoría platónica de la justicia y el Estado expuesta en La República ha sido duramente criticada por su carácter totalitario, que se manifiesta particularmente a través de propuestas como la estructura de las clases sociales y sus relaciones, la necesidad de un filósofo rey y, sobre todo, el utopismo.

¿Qué es la justicia global?

Si realiza una indagación bibliográfica sobre “justicia global” encontrará que se trata de una expresión reciente y sobresaliente, pues en este milenio hay ya más libros y artículos sobre ella de los que había en el anterior, al menos tanto como pueden informar los sistemas de información. Si bien algunos de los temas más amplios que se debaten actualmente bajo el rótulo de “justicia global” han estado sometidos a discusión por siglos desde los inicios mismos de la civilización, fueron anteriormente discutidos bajo distintas etiquetas, tales como “justicia internacional”, “ética internacional” y “el derecho de las naciones”. Considero que este giro terminológico es bastante significativo.

Sócrates, entre pena de muerte y suicidio ejemplar

En 399 aC, después de una pesquisa preliminar, el Arconte rey decide dar curso a la denuncia formulada por Melito, acusador oficial y poeta de su estado, secundado por un comerciante prestamista Anito (quien habría sido el instigador) y un orador Licon, para entablar una acción pública1 contra Sócrates. El asunto es transmitido a la corte encargada de las acusaciones de impiedad, la helíade. Sócrates cuenta en aquel entonces 70 años. Favorinus, un platónico tardío (primer siglo a.C.) citado por Diógenes Laercio (II, 40) nos proporciona una formulación precisa: “Melito Piteense, hijo de Melito, acusó a Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates quebranta las leyes, negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos, e introduciendo otros nuevos y obra contra las mismas leyes corrompiendo la juventud. La pena debida es la muerte”2 .

El día de la paz

Es el día perfecto, cuyo elogio escribió hace años Peter Handke. El día en que el sol se alce para iluminar a todos por igual y nadie tiemble: el día sin odio, el día sin crimen, las milagrosas horas en las que veremos acercarse al prójimo sin aprensión ni resentimiento. El tiempo sin asesinos, el de la jubilación de las enemistades y el júbilo de la amistad.

Justicia

En Los Cuadernos azul y marrón, Wittgenstein advierte sobre las posibles confusiones a las que nos puede inducir la pregunta “¿Qué es X?”, donde X es, por ejemplo, el conocimiento, la virtud, la realidad y, en este caso, la justicia. Todos los diálogos socráticos de Platón comienzan con una pregunta semejante; después de que los interlocutores de Sócrates ofrecen muchos casos de aquello por lo que se indaga, el diálogo termina invariablemente con la triste conclusión de que no se ha conseguido llegar a una verdadera comprensión del objeto de este ejercicio.