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Presentación de la edición monográfica dedicada a Eugenio Montejo

La considerable producción de Eugenio Montejo (Caracas, 19 de octubre de 1938 — Valencia, Venezuela, 5 de junio de 2008), abarca no solo poemarios como Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), Trópico absoluto (1982), Alfabeto del mundo (1987), Adiós al siglo XX (1992), Partitura de la cigarra (1999), Papiros Amorosos (2002) o Fábula del escriba (2006), sino también volúmenes de ensayo, poesía y prosa heteronímica y compilaciones a veces refundidoras de su escritura —entre otras, las puestas en circulación por Laia (Barcelona), el Fondo de Cultura Económica (México), Monte Ávila (Caracas), Norma (Bogotá) o Pre-Textos (Valencia, España)—.

Apólogo de los árboles

Tal vez fue en el boulevard de Sabana Grande, o en mi flamante apartamento de Valle abajo en Caracas, donde por primera vez vi a Eugenio Montejo; pero, si mi memoria falla en el espacio, es precisa en el recuerdo de su presencia, del impacto que me produjo la suavidad y delicadeza de sus gestos, su cordial amabilidad y bien fundada humildad. Era el año de 1970. Ahí estaba frente a mí un poeta que no era el estereotipo del pretencioso poeta de la década del 60, porque Eugenio más bien respondía con su compostura y erudición a lo que una vez me había dicho el poeta Jaime Jaramillo Escobar: “Como poetas, nosotros tenemos una gran desventaja porque somos casi analfabetos, nos hemos hecho en la calle, y la poesía merece el estudio, y la reflexión que proviene de una buena educación.”

De la quietud – La muerte de Eugenio Montejo (1938-2008)

Dos grúas amarillas maniobran sobre la avenida Bolívar de Valencia. Los brazos mecánicos giran lentos, con pereza, como si no se supiera bien qué cargan o a qué responden. Los operadores apenas se ven, ocultos tras unas cabinas transparentes que parecen flotar en todo lo alto. Ya es mediodía y el sol enceguece las miradas de tanto resplandor. Más allá de un seto de cayenas o palmas reales, la avenida se muestra con las entrañas al aire: huecos, lagunas, cemento recién fraguado y mucho polvo amarillo, que el viento levanta en ráfagas para esparcir por todos los alrededores.

Eugenio Montejo: las voces que confluyen

Eugenio Montejo quiso despedir el siglo XX anticipadamente: en 1992, en su entrañable Lisboa, publicaba casi un opúsculo llamado precisamente Adiós al siglo XX. Si el poeta anticipaba un adiós es porque se reconocía como un habitante raigal del siglo pasado y porque nada trastorna más a los hombres que la vuelta de un milenio.

El pan y las palabras: poesía de Eugenio Montejo

La poesía de Eugenio Montejo persigue abarcar el mundo en su totalidad, escribió Francisco Rivera en un revelador ensayo sobre el poeta publicado en 1981 (Revista Eco, Bogotá, Núm. 232). El acierto de la conclusión es notorio cuando se ordenan las claves de los textos en un sistema de relaciones significativas que los iluminan recíprocamente: los símbolos de un poema específico proyectan múltiples y aún más ricos sentidos cuando se ven como un proceso: vale decir, se valorizan mediante y gracias a las alianzas que entabla esa comunidad textual. El lector descubre entonces un corpus constituido no como una suma sino como un diálogo.

El ronco clamor. Reflexiones sobre «Partitura de la cigarra» de Eugenio Montejo

El título de este ensayo debería ser más redundante aún: la terredad en Terredad, se me ocurre. Me quedo con un verso de Montejo, “estar aquí en la tierra” (Montejo, Terredad, 27) porque apunta hacia la palabra que se dibuja y desdibuja a lo largo de este poemario, haciendo equilibrio sobre el límite, en un umbral de materia y tiempo, de tacto y luz.