Hannes Heinz Goll: el vagabundear del artista
Conocí a Heinz Goll, en Manizales, una tarde soleada de enero de 1998. Se realizaba una muestra internacional de arte y en el pabellón de Austria encontré al pintor, vuelto de espaldas al público, con un pincel en su mano derecha retocando la máscara de un chamán de una de sus últimas cenas, con una pipa caoba en la boca y con una cola de caballo recogiendo sus largos cabellos de blanco dorado. Me acerqué y sentí la necesidad interior de expresar en voz alta, para que me oyera, lo siguiente: los artistas que continúan pintando durante las exposiciones son símbolos encarnados de los alquimistas del Medioevo y del Renacimiento, para quienes su arte pictórico era una metáfora de su transformación espiritual en el atanor de la vida creativa.